El siglo que nos obligó a crecer

Feas estatuillas de barro

Dice Arturo Carreño en su Diario íntimo del panteón de Belén que en 1910 se hicieron diversas adecuaciones al recinto: se aislaron de la humedad algunas bóvedas, se compraron una mesa y seis sillas para la oficina administrativa, así como “seis sogas, cuatro canastos grandes, seis chiquihuites y algunos otros objetos indispensables para el servicio”. Además, en la calle que conduce de la entrada principal al mausoleo central se instalaron doce bases de cantera con igual número de esculturitas de barro. Juan Ixca Farías se las llevó al Museo Regional de Guadalajara que había fundado recientemente, donde más tarde el gobernador José Guadalupe Zuno se encargó de fusilar, según hubo de confesarlo cuando escribió sus memorias. Pero Zuno –artista también– tenía una razón estética: “(las estatuillas) eran muy feas, por cierto, y esa la razón de la cruel ejecución”.

Autor: Angélica Íñiguez
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