El siglo que nos obligó a crecer

Caballos sin boleto

Una noche de 1910 en que se presentaba El conde de Montecristo en el teatro Principal de Guadalajara con la compañía de Felipe Montoya, la taquilla estaba a cargo de un tapatío –al que cuando no le daban un papel como actor de reparto, lo ponían en taquilla o como tramoyista–; se llamaba Nieves Sánchez. La actuación de la compañía transcurría conforme al libreto y todo estaba tranquilo hasta que el tiro del carruaje de una familia Martínez se volvió loco. Los caballos asustados comenzaron a correr despavoridos –se ignora la causa de su espanto– y dieron a meterse en un abrir y cerrar de ojos en el foyer del teatro, y amenazaban con entrar en la sala. Pero cuenta el historiador Javier Hernández Larrañaga que Nieves se lanzó a detenerlos, porque –cosa que argumentó más tarde– “no podían pasar sin haber pagado el boleto correspondiente”.

Autor: Angélica Íñiguez
<< Anterior Siguiente >>