El siglo que nos obligó a crecer

Palacio de las Vacas

El Palacio de las Vacas, por la calle de San Felipe, se llama así porque quien lo hizo construir –un tal Segundo Díaz–, había hecho su fortuna gracias a sus hatos ganaderos. Don Segundo Díaz había adquirido el terreno y construyó su casa como quiso –al fin muy suyo el no poco dinero que invirtió en su hechura. Mezcló estilos arquitectónicos hasta el cansancio, pero en opinión de Francisco Ayón Zester, elementos tan diversos y cargados “armonizaron de puro milagro”. La obra se terminó en 1910. Segundo Díaz pagó al joven coahuilense recién llegado a Guadalajara, Xavier Guerrero, para que pintara los interiores del palacete. Guerrero cayó en el Centro Bohemio comandado por Guadalupe Zuno y más tarde, en la ciudad de México, se convirtió en uno de los más importantes exponentes de la plástica nacional. En uno de los corredores del llamado Palacio de Las Vacas, Guerrero pintó una escena campestre; en una de las habitaciones, un angelito de la guarda; y en el techo de la escalera, una imagen erótica que el crítico Ignacio Martínez tituló Los Amantes y por la que Francisco Ayón Zester lo llamó “bribón”.

Autor: Angélica Íñiguez
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