El siglo que nos obligó a crecer

Ocio

En las primeras décadas del siglo XX, el tiempo libre de los tapatíos era distribuido en diversas actividades festivas de carácter cívico, religioso y en diversiones que pretendían alterar el ritmo de la vida cotidiana. Las veladas y tertulias en los salones familiares eran parte de los pasatiempos donde se tocaban diferentes instrumentos y se jugaban cartas y múltiples juegos de mesa como la oca. Las clases trabajadoras se entretenían en lugares al aire libre donde prevalecía el contacto con la naturaleza. Procuraban las excursiones, serenatas, paseos campestres, carreras de caballos, peleas de gallos, ferias y representaciones en carpas. El escritor Agustín Yáñez rememora algunos de los lugares más concurridos: el Paseo. Lo describe como “campo de nómadas y bohemios”, que con el paso del tiempo fue bautizado como Calzada. Cuando se refiere a la Alameda, el autor dice: “no tiene un solo álamo, ni una banca, pero es bueno para los días de pinta y horas de idilio”. También recuerda lugares concurridos como el Jardín Botánico y San Miguel de Belén. Por su parte, la plaza y los portales, atiborrados de extranjeros, aventureros, boleros y vagabundos, ofrecían tardes enteras de paseos inolvidables acompañados de dulces y botanas.

Autor: Cecilia López
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