El siglo que nos obligó a crecer

Bernardo Reyes

De padre nicaragüense y madre tapatía, el 20 de agosto de 1850 nació en Guadalajara Bernardo Reyes. Todavía por azar, allí por la calle de López Cotilla se encuentra la casa de donde, siendo un adolescente de 15 años, salió para unirse a las tropas de Donato Guerra e iniciar su carrera militar. Muy joven, claro, participó en combates contra las fuerzas francesas invasoras, y ya con el grado de general gozó de la confianza política de Porfirio Díaz, quien como elector único lo destinó al gobierno de Nuevo León. Fue el iniciador de la transformación industrial de Monterrey y las crónicas cuentan cómo un individuo, llamado Victoriano Huerta –compañero de armas– al que encargó las obras de pavimentación en la ciudad, resultó con cuentas fraudulentas y por ello lo despidió. En 1910, los liberales de Jalisco lo apoyaron para que se postulara a la vicepresidencia, pero rechazó la oferta y partió al extranjero, una decisión que influyó en el cambio de rumbo de un país que se enfilaba inevitablemente hacia la revolución. Cuando retornó, tardíamente intentó pronunciarse contra Madero y eso le costó la vida. El general Reyes fue el padre de Rodolfo y Alfonso: éste último, sin duda, uno de los más brillantes polígrafos mexicanos.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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