El siglo que nos obligó a crecer

San Cristobalazo y San Cristobalito

En la calle de Santa Mónica esquina con Reforma, existe desde hace más de doscientos años una colosal escultura de San Cristóbal. Antaño, cuando las mujeres anhelaban tener marido, le rezaban a este santo en palabras aumentativas y en términos de admiración las siguientes cuartetas: “San Cristobalazo patazas grandazas, manazas fierazas, ¿cuándo me casas?” Posteriormente, si la mujer llegaba al matrimonio por la supuesta intercesión del santo y no lograba la anhelada felicidad sino, por el contrario, era maltratada por el marido, entonces regresaba con San Cristóbal, y ahora le rezaba con cálidos diminutivos en las siguientes cuartetas: “San Cristobalito, patitas chiquitas, manitas bonitas, ¿cuándo me lo quitas?” Sin lugar a dudas, las circunstancias siguen siendo las mismas; o en todo caso, como afirmaba el sabio Salomón: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que se ha hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).

Autor: Adolfo Ochoa
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