El siglo que nos obligó a crecer

Cines Verdi, Rojo y Verde

El llamado “cinematógrafo”, al comenzar el siglo XX, cruzó la frontera norte y llegó a la capital; de allí acá, un pequeño y último paso que lo facilitaron los hermanos Alfonso, Carlos y Jorge Stahl. Fue éste último quien trajo un proyector y habilitó un compacto local frente a la puerta posterior de Palacio de Gobierno, por la calle de La Maestranza, y le llamó Cine Verdi. Los tapatíos, en 1905, podían admirar atónitos allí ese novedoso invento viendo esas cintas cuya duración era de apenas poco más de cinco minutos. El éxito motivó la apertura de otro local, el Cine Rojo, por la que ahora es la calle Corona; y finalmente, por Pedro Moreno, los hermanos Stahl fundaron el llamado Cine Verde. Después empezaron a llegar películas de mayor duración y con cierto argumento –pero aún cine mudo, acaso con pequeños letreros explicativos y un piano animando la función– y más empresarios locales empezarían a apostarle a la novedosa forma de entretenimiento.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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