El siglo que nos obligó a crecer

Patria y águila de luces

En las fiestas patrias del año 1900, se inauguró una tradición que duró por muchos años y que daba una particular vida al centro urbano. Dicha tradición consistió en unir los portales que rodean la Plaza de Armas con una estructura diseñada por Mariano Staffino, que simulaba, por un lado, una montaña de tres metros con peñascos, bosques y una cascada iluminada con luces verdes, blancas y rojas; y por otro lado, se simulaba dar continuidad a los arcos que caracterizan a los portales, todo hecho con cartón, madera y acorde con la arquitectura corintia o toscana de las columnas sustentantes. En el famoso paseo de los portales unidos, las familias acostumbraban llevar sus propias sillas –pues en esas fechas no se rentaban. De tal modo que se veía, en el mismo espacio, una colección muy variada de asientos porque la clase media llevaba equipales, la clase alta enviaba muebles de forro de seda y los pobres unas sillas de tule o madera. Incluso se podían ver juegos completos de sala con canapé, mecedoras y doce sillas. En este evento, la atracción principal era un águila gigante hecha de foquitos en el exterior del palacio de gobierno que, prendiendo y apagando, daban la apariencia de volar.

Autor: Mario Z. Puglisi
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