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Abolidas, las corridas de toros

Corría el año 1897, se acababa de construir una importante plaza de toros en las Barranquitas de Alcalde y se suponía que sería inaugurada por el afamado torero español El Boticario. Se mandó hacer mucha propaganda y el día de su estreno estuvieron los tendidos llenos de bote a bote. La cuadrilla salió a desfilar pero el torero español no estaba entre ellos. Cuando el público se dio cuenta que los toreros estelares habían sido cambiados por aficionados, se armó la bronca y echaron la plaza abajo. Cuando las tropas de seguridad llegaron a imponer el orden no encontraron rastro de la plaza: el pueblo se había llevado la madera, tablas y vigas con que estaba hecha, y a los toros los traían de paseo por el barrio de la Capilla. Este suceso provocó que las autoridades abolieran las corridas de toros en el estado. Como consta en actas, el presidente de la legislatura interrogó a los representantes populares: “El C. Presidente: ¿Las corridas de toros deben abolirse? El diputado por La Barca: —Que se abuelan. El diputado por Lagos: —Que se abulan. El diputado por Sayula: —Que se abuendan. El diputado por Ameca: —Que se abundan.” No quedó nadie de acuerdo con la conjugación del verbo, pero las corridas fueron abolidas.

Autor: Mario Z. Puglisi
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