Inicia la modernidad

El nuevo panteón de Mezquitán

“Vamos a Guadalajara”, decían los habitantes de un poblado indígena llamado San Miguel de Mezquitán –situado al noroeste de la Plaza de Armas–, todavía a principios del siglo XX. Y es que aunque Analco y Mexicaltzingo ya eran barrios en toda forma y Mezquitán pertenecía al décimo cuartel de Guadalajara, el sitio seguía siendo una población aparte. Pero la democracia de la muerte fue la que finalmente insertó a Mezquitán en la ciudad, pues el panteón civil –ubicado donde hoy es el mercado Corona– comenzaba a carecer de espacio y se necesitó trasladarlo a un sitio más grande y alejado de la urbanización por cuestiones de salubridad. El 2 de noviembre de 1896 se abrió el nuevo panteón en lo que eran las orillas de la ciudad –hoy Enrique Díaz de León y avenida de Los Maestros–, y aunque los habitantes de San Miguel de Mezquitán se resistían a formar parte de una realidad que no era la suya, la necesidad urbana de enterrar a sus muertos no les dejó otra salida. Por cierto que el primer enterrado no fue mezquitense ni tapatío sino alemán, pues con el cuerpo del señor Juan Jaaks –farmacéutico dueño de la Farmacia Alemana– se inauguró el panteón.

Autor: Angélica Íñiguez
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