Inicia la modernidad

Baños públicos

Una de las características de las casas tapatías en los primeros años del porfiriato, tanto en los niveles de clase media como en los más acomodados, era la ausencia de baños para lavar el cuerpo. Esto obligaba a los tapatíos más refinados a acudir cada ocho días a algún establecimiento público para asearse, acompañados por un sirviente que llevaba la toalla, el jabón, el estropajo y la ropa correspondiente. En un segundo patio se encontraban uno o dos “excusados de tertulia”, con tarima de madera; lugar denominado “el común”. Durante la noche se tenía que recurrir a la bacinica de barro, de peltre o de porcelana, que estaba siempre debajo de las camas. El lavamanos, de idénticos materiales, hacía juego con la bacinica y completaba la imagen de las recámaras de aquellos tiempos. Los baños ingleses llegaron a Guadalajara hacia la última década del siglo XIX y las duchas empezaron a instalarse en las propias casas, de tal manera que poco a poco los baños públicos comenzaron a decaer, adquiriendo incluso fama de ser sitios antihigiénicos.

Autor: Cecilia López
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