Inicia la modernidad

Adoquín de madera

La ciudadanía puso el grito en el cielo cuando corrió la voz de que el ayuntamiento de Guadalajara contemplaba adoquinar con madera las calles. Aconteció en el año de 1891, con el antecedente de que en la capital del país se adoquinaron así –imitando la idea de ciertas ciudades europeas– algunas calles céntricas con malísimos resultados. La Gaceta Mercantil calificó el proyecto de descabellado y error administrativo ridículo, además de oneroso, por costar ocho pesos el metro cuadrado. La gaceta también agregaba que era incomprensible cómo los munícipes olvidaran los más triviales principios de física, que un estudiante ramplón hubiera tenido en cuenta: la madera, con la humedad, aumenta de volumen. Este elemental principio hizo quedar en ridículo a los promotores del adoquinado, porque en donde no destruyó banquetas, se hinchó. Total, que el experimento terminó en el más estrepitoso de los fracasos, con la consiguiente indignación popular, por tamaño despilfarro.

Autor: Adolfo Ochoa
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