Inicia la modernidad

El Doctor Atl testigo de un magnicidio

El asesinato del gobernador Ramón Corona en 1889 y el posterior suicidio de su victimario –el joven maestro de primaria Primitivo Ron–, se discutieron en diferentes crónicas policiales. En ellas, los elementos del crimen varían según la estructura de cada relato. Para Pérez Verdía en Historia particular de Jalisco (1911), el asesino era un loco; el periódico El abate benigno (en una nota aparecida cuatro días después del asesinato) coincide con esta versión. En cambio, el pintor tapatío Gerardo Murillo, popularmente conocido como el Doctor Atl y testigo presencial del hecho, destaca en su libro Cuentos de todos colores (1933) que la locura sólo contribuyó parcialmente, pues “dos hombres misteriosos” dirigieron el suceso fatal. Según Pérez Verdía, el asesino se suicidó con cuatro puñaladas en el corazón; el Doctor Atl asegura que el hombre fue asesinado precisamente por dichos “hombres misteriosos”. Los hechos, a decir de Pérez Verdía, sucedieron así: “Por Pedro Moreno, [el gobernador] anduvo dos cuadras y dio vuelta en Degollado y cuando casi llegaba a la del Carmen fue apuñalado”. El Dr.Atl dio dos versiones. La primera, oral, a Guadalupe Zuno: “Estando yo en un balcón en la calle del Carmen se veía la de Degollado donde sucedieron los hechos”. La segunda, escrita: “vi al gobernador desde el balcón de Maestranza, y casi al llegar a la esquina fue apuñalado”. Finalmente, para el periódico El abate benigno, el gobernador fue asesinado en la calle del Carmen. La única verdad que quedaba era el brazo de Primitivo Ron que se exhibió en el Museo Regional de la ciudad, hasta que misteriosamente desapareció.

Autor: Nuria Blanchart
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