Los inicios

Mejor tapatío que guadalajarense

Los gentilicios “chilango”, “jarocho”, “boshito”, “tarasco”, etcétera, así como “tapatío”, tienen un significado que, como muchos otros términos, no siempre es conocido de quienes caen bajo el apelativo, aunque se pueda llegar a estar orgulloso de él –o todo lo contrario. Al parecer, desde principios del siglo XIX en México, al natural de Guadalajara se le conoce con el nombre de “tapatío”. Hay varias teorías respecto al origen del vocablo: una primera data del año 1571 y se debe al gramático fray Alonso de Molina, quien quiso encontrar al gentilicio un origen náhuatl en la voz “tlapatiotl”, que significa “el precio de lo que se compra”. Pero en el pleito que Hernán Cortés tuvo entre 1531 y 1532 contra Nuño de Guzmán y los oidores de la provincia de Ávalos –que documenta en 1961 don Salvador Reynoso–, un testigo declaró que entre la ropa que los vecinos de Tamazula daban como tributo se contaban “ochenta mantillas que llaman tapatíos”. Luego, en 1552, en una reducción de tributos a los habitantes de Atoyac, se dice que un tal licenciado Contreras les quitó, de la ropa menuda que daban, “cuatro camisas y cuatro naguas y cuatro tapatíos y cuatro mástiles”. En la región de Tamazula y Atoyac, a las mantillas se les suele llamar tápalos, lo que pudo derivar –por el uso indígena de diminutivos– en tapalitos. Es posible que el nombre de la prenda usada por las mujeres de Jalisco en el siglo XVI, con el tiempo, diera origen al nombre genérico de los nacidos en Guadalajara –y preferible, por supuesto, al horrible gentilicio de “guadalajarense” que le correspondería en estricto sentido.

Autor: Marco Antonio Martínez Negrete
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