Inicia la modernidad

Llegó la luz

Pocos pasos luego de la entrada al Panteón de Mezquitán, hay una tumba espléndida con el nombre de su ocupante: General Francisco Tolentino. Con todo y tumba, la oscuridad del olvido cayó sobre quien tuvo la brillante idea gubernamental de derrotar a la oscuridad de las noches en Guadalajara mediante un portentoso invento de época: la electricidad. En 1885 el pueblo atónito vio por vez primera en la Plaza de Armas y en Palacio, y con motivo de las fiestas de la Independencia, que unas luminarias de arco –dotadas con electrodos de carbón que no eran precisamente focos– daban una luz que hacía innecesario ya el uso de cazoletas de aceite como aquellos que encendían los serenos noche a noche o las velas y mechones de uso doméstico. ¡La luz eléctrica llegaba a la ciudad! Unos generadores colocados no lejos del centro y alimentados con petróleo producían aquella energía iluminante de lugares públicos, y el pueblo regocijado podía incluso “recoger una aguja del piso de la Plaza de Armas” a pesar de que era noche cerrada. Sería hasta 1889, con la instalación de turbinas hidroeléctricas en el Salto de Juanacatlán, que la luz eléctrica comenzaría a iluminar las casas en Guadalajara. Bienvenida luz gracias al gobernador Tolentino.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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