Inicia la modernidad

Iluminación de aceite y gas –y las fases de la luna

En 1876, el ayuntamiento de Guadalajara firmó un contrato con Francisco Valencia para dotar de alumbrado público a la ciudad –incluida la penitenciaría– por 20 mil pesos al año. Al contratista se le entregaban faroles, escaleras, linternas y demás útiles para realizar su obligación. Tenía la ardua tarea de instalar 350 luces de gas y 350 luces de grasa en las oscuras calles de la ciudad. Los aparatos de gas eran de 10 luces, en cambio los de la Plaza de Armas tenían 20, las cuales debían estar encendidas antes de que la noche tocara la ciudad. Se apagaban luego del toque del alba. El alumbramiento estaba sujeto a las fases de la luna. Cuando la luna llena era el marco de la noche, las farolas se mantenían apagadas, encendiéndose en las noches de luna nueva, creciente y menguante. De esta manera se aprovechaba al máximo la luz de la luna y se ahorraba aceite y gas. Solamente la Plaza de Armas, los demás edificios públicos y los portales de San Juan de Dios y San Agustín estaban alumbrados sin importar las fases de la luna.

Autor: Cecilia López
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