Inicia la modernidad

Vicisitudes de La Diosa de la Fortuna

En 1865, fue creada una escultura de mármol, de 1.91 metros de una sola pieza, conocida como La Diosa de la Fortuna. Fue encargada por el arzobispo Pedro Loza al escultor italiano Carlo Nicoli. La obra, una vez concluida, tuvo sucesivos destinos: el Patio Central del Liceo de Niñas ahora Sede del Supremo Tribunal de Justicia, el Museo Regional de Guadalajara, la Caja de Agua (Circunvalación Agustín Yánez y avenida Arcos), y la Plaza Tapatía, donde en un acto vandálico perdió su mano y cetro y así permaneció hasta el año 2004 en que fue trasladada al foyer del Teatro Degollado. Hugo Testolini, colaborador de la Dirección de Patrimonio Artístico e Histórico, buscó en Italia el taller de Carlo Nicoli y lo encontró en Carrara bajo el nombre de: “Nicoli & Lyndam Laboratori di scultura in marmo, fondato nel 1863”. Se estableció la conexión y, a partir de 2007, la mano con el cetro traída de Italia fue restituida a La Diosa de la Fortuna por el propio Carlo Nicoli: el bisnieto del autor que esculpió la estatua.

Autor: Nuria Blanchart
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