Los inicios

¡El Rey es mi gallo!

Nuño de Guzmán había corrido de Tonalá a los españoles que seguían a Cristóbal de Oñate y que se habían asentado allí, pues no quería españoles alrededor de sus dominios. Corría el año de 1541 y el regimiento, “gente principal” y vecinos estaban reunidos –órdenes del gobernador Cristóbal de Oñate– en el cabildo de Tlacotlán, muy preocupados porque no lograban definir el lugar donde refundarían Guadalajara, debido al hostigamiento a que estaban sometidos en la llamada ‘Mesa del Ajedrez’. En plena discusión, entró Beatriz Hernández –esposa de Juan Sánchez de Olea– y los apresuró a determinar el sitio de la mudanza, pues si no ella misma lo haría. Pidió un asiento y la palabra, cosas que el gobernador Oñate le otorgó, y –según relata Agustín Yánez que escribió fray Antonio Tello en su Crónica Miscelánea de la Conquista de la Sancta Provincia de Xalisco–, Beatriz Hernández anunció: “Señores, el Rey es mi gallo, y yo soy de parecer que nos pasemos al valle de Atemajac, y si otra cosa se hace será de servicio de Dios y del Rey, y lo demás es mostrar cobardía…”. Entonces dijo el gobernador: “Hágase así señora Beatriz Hernández, y puéblese do está señalado”. Es de todos sabido que Guadalajara se fundó donde aquella mujer dijo y por ello se erigió su escultura en bronce, a metros de la Plaza Fundadores.

Autor: Angélica Íñiguez
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