Inicia la modernidad

Viajes en diligencia

“Los sonoros cascabeles, colgados de los collares de las mulas y el ruido de los balancines, enganchados con cadenas, lo oyeron el 25 de febrero de 1864 los habitantes de Guadalajara”.

Ese día llegó por primera vez a nuestra ciudad la diligencia procedente de León. Más tarde, un aviso colocado en las oficinas de la compañía anunció a los tapatíos que los viajes en diligencia saldrían de ambas ciudades los martes y viernes y costarían veinte pesos. Se debía llevar solamente una maleta. El elevado costo del transporte reducía el número de viajeros, porque “un caballo de buen andar se conseguía por la mitad de la tarifa”. Sin embargo, el recorrido acelerado, las relativas comodidades y las prevenciones para el camino, de las que el viajero se desentendía –y que ofrecía el viaje en diligencia–, eran factores compensatorios. Poco a poco las tarifas bajaron y se ajustaron a las distancias recorridas. También se ofrecieron nuevas rutas por todo el país y el número de viajeros aumentó. Las compañías de diligencias formaron verdaderos monopolios y fueron quienes empezaron a construir las fondas, mesones y posadas por donde transitaban. Estos monopolios del transporte también controlaron el correo y la recaudación de los derechos de peaje y el llamado alfojarifazco o alcabalas de las garitas. 

Autor: Cecilia López
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