Inicia la modernidad

Dormitorio sin mezquites

Nomás el toponímico quedó, porque los mezquites que dieron origen a Mezquitán desaparecieron. Pueblo indígena situado al noroeste de la Plaza de Armas, estaba tan retirado del centro que sus tierras fueron elegidas para construir en ellas un panteón a finales del siglo XIX; un dormitorio perenne si nos atenemos a que coimeterion significa eso, dormitorio, castellanizado como cementerio. Se sabe que esos sitios son ubicados en lugares discrecionales, lejos de la vista pública, pero luego las ciudades crecen y los envuelven. Fue el caso del originalmente lejano Panteón de Mezquitán, creado para albergar a ese producto biodegradable que son los ciudadanos que alcanzan su fecha de caducidad. Y lejos también de su tierra natal, Alemania, quedó Juan Jaaks el primer ocupante del nuevo cementerio. Farmacéutico, dueño de la llamada Farmacia Alemana, al que unos asaltantes dieron muerte allá por el rumbo de Ajijic y a donde supuestamente había ido para comprar oro de las minas que por allá operaban. Triste privilegio para quien sin saberlo aprovechó una oferta municipal: el primer difunto sepultado allí obtendría gratuitamente la propiedad de la tumba. Dicen que los acompañantes de Juan Jaaks debieron acelerar el paso del carruaje fúnebre para ser los primeros en llegar en una extraña competencia con otro cortejo fúnebre a un lugar donde la mezquitera dejó sitio a los difuntos.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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