Inicia la modernidad

Un conservador ahorcado

La plaza principal de Guadalajara no siempre fue el tranquilo centro de reunión donde los tapatíos se reunían a escuchar a las distintas bandas que amenizaban en el kiosco los jueves y domingos del siglo XIX, ni el lugar favorito para las celebraciones o llegadas de ferrocarriles de que fue objeto tal espacio público. Años antes de que la plaza fuera lugar de esparcimiento comunitario, el sitio se utilizó para ahorcar, a la vista de todos los habitantes, a los conservadores que el gobierno liberal aprehendía. En los enfrentamientos de la Guerra de Tres Años, fue hecho prisionero el teniente coronel Monayo, miembro del partido conservador. Un coronel norteamericano –de apellido Chesman–, siguiendo las órdenes de Santos Degollado, mandó construir un tablado cerca de la fuente ubicada allí para ahorcarle. Ataron a los pies de Monayo dos piezas de plomo y, con la soga al cuello, Chesman mandó sacar violentamente la carreta en que el teniente coronel apoyaba los pies mientras éste, cargando siempre un crucifijo, gritó justo antes de morir ante la multitud presente: “¡Viva la religión!”, al estilo de los futuros cristeros.

Autor: Mario Z. Puglisi
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