Inicia la modernidad

¡Los valientes no asesinan!

Perseguido desde la Ciudad de México por el Partido Conservador, el presidente Juárez se refugió en el palacio de gobierno de Guadalajara. Un grupo de rebeldes armados llegó a la ciudad, solazándose en cazar gentes pacíficas que se aventuraban por las calles y aun dentro de sus casas. De esta manera irrumpieron los rebeldes a Palacio, hasta donde estaban Juárez y sus ministros, haciéndolos prisioneros y encerrándolos en una habitación. El 14 de marzo de 1858, el coronel Cruz Ahedo decidió liberar al presidente, mediante una atrevida y arriesgada incursión en Palacio, pero fue repelido. Durante el tiroteo, los enemigos de Juárez se creían perdidos, por lo que decidieron acabar, de una vez, con el principal prisionero. Filomeno Bravo, con veinte soldados dispuestos a matar, se dirigió hasta donde estaba Juárez, dando la orden de preparar y apuntar las armas contra él. Al escucharse el estruendo de las llaves de los fusiles, de un salto, el ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, cubrió con su cuerpo a Juárez, interponiéndose con los brazos tendidos contra los fusiles, y gritando: “¡Los valientes no asesinan! ¡Somos sus prisioneros, somos sus hermanos, respeten nuestras vidas!”. Filomeno Bravo, sorprendido por tan inesperada energía, se detuvo y no dio a sus soldados la voz de fuego.

Autor: Adolfo Ochoa
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