Inicios independentistas

El cólera chico

Pablo Gutiérrez había logrado una merecida fama y respeto como médico del Hospital de Belén. Tanta, que sus dictados eran obedecidos al pie de la letra por sus colaboradores. En 1853 se declaró en Guadalajara la terrible epidemia denominada del cólera chico, la cual una vez contraída significaba estar al pie de la tumba. Las docenas de enfermos de cólera que eran auscultados diariamente por el médico Gutiérrez, recibían un diagnóstico nada halagador, que al cabo de poco tiempo se cumplía irremediablemente; bueno, casi. José Elizalde, admirador y ayudante del médico Gutiérrez, tenía por cometido trasladar a los pacientes al descanso, una vez que dieran señales de muerte. Elizalde había tomado práctica de sujetar de las muñecas y cargar en su espalda a los desahuciados. Aconteció que al llevar a cuestas a un infortunado, éste le dijo con voz lastimera: “¡Quiero un atolito!” A lo que Elizalde replicó “Cállate, tú ya estás muerto”. Metros adelante, el paciente volvió a clamar: “¡Quieeero un atoliiito!” A lo que Elizalde con molestia le increpó: “¡Qué!, ¿vas a saber tú más que el doctor Gutiérrez?”.

Autor: Adolfo Ochoa
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