Inicios independentistas

La jericalla tiene su ciencia

Parece mentira que en un postre tan chiquito quepan tantos misterios. Detrás del sabroso dulce se esconden preguntas difíciles de responder. Para empezar, el origen del nombre y la forma correcta de escribirlo: ¿jericalla o jericaya? La Academia Mexicana de la Lengua y la Real Academia de la Lengua Española aceptan ambas formas. Existen muy pocas referencias al origen de esta palabra. Una de ellas está en el Diccionario de cocina, el nuevo cocinero de México, publicado en 1845, que dice: “este nombre, como el de Arequipa, parece recordar el de Jérica, el lugar de donde acaso vino esta composición, si no es que aluda al apellido del que la trajo”. Muchos tapatíos estarían dispuestos a apostar que se trata de un postre eminentemente jalisciense. Así parece comprobarlo la popularidad de la preparación en Guadalajara y su inexistencia en otros rumbos del país. Sin embargo, en recetarios de los siglos XVIII y XIX, editados en la Ciudad de México, se hacen referencias a la jericalla sin aludir a Jalisco. Por si fuera poco, el Diccionario breve de mexicanismos, de la Academia Mexicana de la Lengua dice que existen postres similares con el mismo nombre en Honduras y Costa Rica.

Autor: Juan Carlos Núñez Bustillos
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