Los inicios

El escudo de armas de Guadalajara

Ni los leones ni el pino que integran el escudo de la ciudad fueron invento de Carlos V, quien desde España envió tal escudo. Quizás existieron realmente. Cuando Guadalajara estaba asentada en la zona de Tlacotlán sufría de constantes ataques de los pueblos avecindados que intentaban echarlos de sus tierras, y en un breve período de calma, que duró poco más de dos meses –tiempo en que los locales se organizaban para la siguiente batalla–, los españoles hacían rondas de vigilancia por las cercanías. Una mañana habrían enviado a dos de los europeos a tratar de indagar las intenciones de los atacantes, y a menos de una legua de donde la villa estaba, ese par encontró supuestamente a dos leones retozando bajo un pino. Corrieron a transmitir lo visto al general Cristóbal de Oñate y en consejo se decidió que aquel pino y aquellos leones –pumas, claro, o jaguares– daban indicios de lo cerca que estaban los enemigos de atacar la villa otra vez. A decir verdad, atacaron esa misma tarde. La imagen se convirtió entonces en inspiradora del emblema del escudo de la ciudad para los conquistadores. Esto llegó a oídos del virrey y, después, al soberano de España, quien certificó el escudo original de la ciudad –con todo y leones– el 18 de noviembre de 1539.

Autor: Mario Z. Puglisi
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