Inicios independentistas

López Cotilla y el sistema lancasteriano de educación

Al lograr su independencia, México debió afrontar la dura realidad del analfabetismo: urgía la educación. En tiempos de Iturbide se pensó que podría funcionar, en el recién nacido país, el sistema creado por el inglés Joseph Lancaster. Básicamente consistía en utilizar a los alumnos de mayor edad y aplicación para que ellos se convirtieran en transmisores de conocimientos, en ‘monitores’ como se les denominaba. Ellos debían repetir las lecciones a grupos de entre 10 y 20 niños, habilitando como aulas espacios en los que pudieran sentarse en torno suyo los pupilos y con un sistema de inspectores que supervisarían a los improvisados maestros y les dotarían de material didáctico elemental, como carteles y mapas. En Guadalajara –muestra del déficit educativo–, sólo existían tres escuelas públicas en 1821; en 1834, y luego nombrar como encargado de la Comisión de Escuelas a Manuel López Cotilla, éste se dedicó a la creación de ellas, apoyándose en el sistema lancasteriano. López Cotilla, hijo de un comerciante español, no solamente abrió nuevas escuelas primarias en la ciudad sino que también lo hizo en los pueblos periféricos, como en Toluquilla, San Sebastián, Santa María, San Pedro y en Mezquitán. Una calle, que va desde la Minerva a la Calzada, recuerda a quien durante veinte años y hasta su muerte fuera un gran impulsor de la educación pública. Larga calle con buen nombre.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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