Inicios independentistas

La abolición de la esclavitud

La vieja creencia de que un país puede hacerse por decreto, data de los albores de la Independencia. Decretos que en no pocas ocasiones están llenos de buena voluntad pero que resultan inoperantes ante la realidad contundente e imposibles de cumplir. En 1953, Guadalajara estrenó una plaza monumental, oficialmente llamada Plaza de la Liberación, en la que se instaló una escultura –no tan bien lograda pues luego se reemplazó–, que muestra a Miguel Hidalgo rompiendo una cadena con la fuerza de sus brazos (improbable a sus 56 años cumplidos…). Estatua símbolo de aquel decreto que emitió el 6 de diciembre de 1810 en el que exigía u obligaba a los dueños de esclavos a ponerlos en libertad. Magnífica intención que adelantaba por mucho a países como los mismos Estados Unidos o Brasil, campeones de la esclavitud en el continente. Todo bien, sólo que el plazo de “diez días” –so pena de muerte– que daba a los esclavistas novohispanos era una aspiración imposible de cumplir; maravillosa pero tan irreal como el hecho de que sólo el viaje entre Guadalajara y México tomaba a lo menos 12 días, en buen caballo y con buen tiempo.

Autor: Álvaro González de Mendoza
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