Trivias de inicio

Autopsias El Paseo de las Retretas Labor de Manuel López Cotilla

El doctor Mario Rivas Souza, decano de los forenses en Guadalajara, lleva siempre en su bata blanca una tarjetita en la que anota el número de autopsias que se practican en el anfiteatro del Servicio Médico Forense. La lista inicia en 1953, cuando él comenzó a trabajar ahí. En ese año se realizaron 407. Para 2005 el número era de 2,415. En total, el experto forense había participado directa o indirectamente en 107,799 autopsias. Más veterana aún en el servicio es su secretaria, María del Carmen Rubio Anaya, quien ingresó en 1951 cuando había seis empleados y los cadáveres se conservaban con barras de hielo, pues hasta 1959 se contó con cámaras de conservación. Para 2006 el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses tenía 408 empleados especializados en 25 áreas de la investigación. El doctor y su secretaria han manejado los cadáveres de las más diversas clases de personas: políticos, guerrilleros, empresarios, artistas, policías, narcotraficantes y hasta del cardenal Juan Jesús Posadas. Además de las víctimas de las tragedias más grandes de la última mitad del siglo xx, como las 45 personas que murieron en el avionazo de 1958 y las 16 que perecieron en el incendio del cine Alameda, en 1952.

Hoy ya no se usa en la ciudad, pero en muchas zonas rurales todavía se ve. Los domingos en la noche la banda toca en el kiosco del pueblo mientras la gente da vueltas a su alrededor; hombres en un sentido y mujeres en el contrario, hasta que se emparejan y caminan juntos. Esta práctica se inició quizás en Guadalajara durante el siglo XIX. En 1863, durante la intervención francesa, el ejército se tuvo que improvisar con vecinos o civiles, y recibían instrucción militar frente a Palacio. El supuesto entrenamiento fue denominado como las retretas. A la hora de la retreta, la gente se acercaba a ver al improvisado ejército causando gran alboroto, hasta que el general José María Arteaga, gobernador del estado, permitió que una banda tocara cuando la gente se reunía, comenzando con esto las serenatas tapatías conocidas entonces como el Paseo de la Retreta. Y fue el mismo general quien, por medio de la tropa y con mucha cortesía, enseñó a la gente a que caminara en dos sentidos alrededor de la plaza. También habilitó para tal efecto la Plaza de Armas, cambiando los antiguos álamos por naranjos, construyendo bancas de ladrillo y dotándola con iluminación de mecheros de estearina.

Manuel López Cotilla (1800-1861) fue un destacado maestro y funcionario tapatío que actuó con la convicción de que la educación es base de la prosperidad y el bienestar de una nación. Como maestro, redactó varios libros de texto, entre los que destaca: Cuaderno de geometría práctica para las escuelas y Estadística de Jalisco. Como funcionario, ocupó importantes puestos de gobierno desde los que impulsó sus ideas. Fue regidor, por ejemplo, del Ayuntamiento (1835) encargado del ramo de escuelas, luego vocal de Instrucción en el Estado y de Fomento a la Agricultura, etcétera. Logró crear 22 escuelas primarias en Guadalajara y alrededores (en el año de 1821 sólo existían en Guadalajara tres escuelas municipales, además de otras que dirigía el clero). Reformó el sistema educativo estatal a través de la redacción del Reglamento de Escuelas Municipales, y creó el primer instituto de clases nocturnas para adultos. Vivió con austeridad: trabajó durante veinte años en el gobierno pero solamente fue remunerado en siete.

Juan Carlos Núñez Bustillos Mario Z. Puglisi Marco Antonio Martínez Negrete
Los cuicos y un palacio de 140 años de construcción Iglesia de la Luz del Mundo Prisciliano Sánchez Padilla

A quienes se quejan de la tardanza en la ejecución de la obra pública actualmente, habría que recordarles que la ciudad tiene larga tradición en ello. Si se toma en cuenta que el Palacio de Gobierno fue comenzado a edificar en 1650 y su construcción se concluyó en 1790, con sus 76 metros por lado, eso es una clara muestra de la minuciosidad o lentitud local. Claro que la construcción original ha sufrido cientomuchas modificaciones –adaptaciones–, y una de ellas en la fachada poniente o principal fue la supresión de dos torreones, uno en cada esquina y sobresalientes del paño puestos allí para fines de vigilancia o defensa del palacio, con troneras aptas para disparar desde cubierto. Lo que no ha desaparecido a pesar del fervor laico del republicanismo emanado en el XIX, fue una inscripción puesta en una cenefa antes del remate de la fachada, y que es un fragmento del salmo 126 en latín: “Nisi Dominus Custodierit Civitatem Frustra Vigilat Qui Custodit Eam” lo que significa que “si el Señor no custodia a la ciudad, en vano la vigilan sus centinelas”. Sobre el torreón del sur en el quiebre de la esquina se lee eso del ‘Qui Cus…’, que al quedar sobre el guardia apostado allí dio origen al término ‘cuico’ como sinónimo de policía.

Eusebio Joaquín Flores, fundador de la Iglesia de la Luz del Mundo, se bautizó dos veces: en 1925, con el nombre de Abraham, y en 1926, con el de Aarón. Separado de la secta pentecostal a la que pertenecía, quiso instaurar en Monterrey la Luz del Mundo pero nadie le hizo caso y llegó a Guadalajara. Con un buen número de seguidores, y después de cierto nomadismo, logró instaurar el primer templo oficial en la colonia San Juan de Dios; desde entonces tuvo varios templos en distintas colonias de Guadalajara hasta que en 1953 fundó en catorce hectáreas la primera colonia llamada “Hermosa Provincia gozo de toda la tierra”, en donde Aarón murió en 1964. Su hijo Samuel lo sucedió y construyó un templo más grande que la Basílica de Guadalupe desde donde gobierna a todos los seguidores que consideran al hermano Aarón “héroe, libertador, elegido, siervo de Dios”, y al hermano Samuel “elegido antes de nacer, ungido de Dios, enviado de Dios, apóstol de Jesucristo, máximo guía espiritual”. Ambos (antes Aarón y hoy Samuel) son los únicos autorizados a dar la palabra de Dios a más de dos millones de seguidores por todo el mundo.

Las aportaciones de Prisciliano Sánchez Padilla (1783-1826) a la República, al federalismo y a la democracia, lo convierten en uno de los hombres más valiosos de la historia regional y de la historia nacional. Su obra, en muchos aspectos sigue vigente. Escribió el Pacto Federal de Anáhuac, que resume el sentir de la nación en aquella época y que contempla la organización de los tres poderes de la federación y de los estados. Como diputado al Primer Congreso Nacional firmó el Acta Constitutiva de la Federación el 31 de enero de 1824. Fue el primer gobernador constitucional de Jalisco, a partir del 8 de enero de 1825. Elaboró programas educativos, electorales y de administración pública. Entre sus logros, destacan la transformación de la Universidad en Instituto de Ciencias y la construcción del pórtico en el ex Templo de Santo Tomás. Continuó además con la construcción del Hospicio Cabañas y mejoró el Hospital de Belén. A consecuencia de un padrastro infectado en un dedo y después de 24 días de postración, murió en 1826. Sus restos descansan hoy en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

Álvaro González de Mendoza Nuria Blanchart Adolfo Ochoa
Acervo bibliográfico Clases sociales “La guerra es un azar”

Es una colección compuesta por 166 libros que datan de los siglos XVI al XX, resguardada en la Biblioteca Pública Juan José Arreola. El material es candidato a ser declarado parte del patrimonio de la humanidad dentro del programa Memoria del Mundo de la UNESCO. La colección está compuesta por catecismos, sermones, confesionarios, guías espirituales y diccionarios, y están escritos en dos lenguas indígenas, español e inglés; el acervo es producto de una serie de coyunturas histórica peculiares que se dieron en México y guarda información acerca de cuatro siglos de aculturación religiosa, así como de los cambios de lenguas indígenas habladas. Estos libros han sido estudiados por filólogos, lingüistas, antropólogos e historiadores. Antes, para tener acceso al conjunto de dichas obras habría sido necesario visitar varias bibliotecas en Estados Unidos (Washington, Providence, Austin, California) y también las bibliotecas de México (Biblioteca Nacional, Cervantina, Palafoxiana, Nacional de Antropología e Historia), la Bibliothèque Nationale en Francia y la British Library, en Inglaterra.

Hasta la década de los cuarenta, Guadalajara conformó una sociedad bien definida, hermética a los extraños, con grupos que se nutrían de referencias. La ciudad estaba delimitada por clases sociales, por rumbos y por barrios.

Éstos tuvieron una fuerte connotación de identificación social. El centro y sus barrios inmediatos alojaban a “los pudientes” o “la gente conocida”: industriales, comerciantes, prósperos profesionistas, que acostumbraban reunirse en el famoso Casino Jalisciense. Sus casas conservaban el concepto colonial de la casa española en la que se desarrollaba la edificación alrededor de un patio florido lleno de macetas y plantas. La gente considerada como “bien acomodada” también vivía al poniente del Centro, en los barrios de Santa Mónica, San Felipe, San Diego, La Capilla, El Carmen, La Trinidad, El Expiatorio y Los Ángeles; habitados en su mayoría por profesionistas y estudiantes, en ellos se alternaban las casas de una y dos plantas que se hacían cada vez más pequeñas a las orillas, aunque con diseños similares a las del Centro. En los barrios localizados hacia el oriente del centro vivía “la gente desconocida”: los artesanos, asalariados y obreros. Las casas eran también de adobe, pero mucho más chicas. En ellas al abrir la puerta se pasaba prácticamente a las habitaciones y de éstas al corral donde solía haber un pequeño huerto.

Cuando Benito Juárez instaló su gobierno en Guadalajara en febrero de 1858, el gobernador era Jesús Camarena y jefe militar, el general Silverio Núñez, quienes eran incondicionales a la causa republicana. En el palacio de gobierno, Juárez consideró conveniente concentrar las fuerzas militares. Camarena redactó la orden mediante un mensaje que iniciaba diciendo: “La guerra es un azar; sin perder tiempo, reúnanse en esta ciudad (...)”. Pero el coronel Antonio Landa, con un grupo de sublevados, se rebeló contra su superior, el general Núñez y el gobierno de Juárez, y se dispuso a atacar Palacio. Núñez acudió el día 13 de febrero a identificar la postura de Landa, encontrándolo apostado en el edificio de la Universidad (Biblioteca Iberoamericana, Edificio Lutecia), y apuntando la artillería hacia Palacio. Núñez le pidió a Landa subordinarse, sujetándole de las solapas y llamándole traidor. Viendo el forcejeo, un soldado de Landa disparó a quemarropa. Pero debido a la buena suerte de Núñez, la bala se incrustó en su reloj de oro que traía en la bolsa del chaleco, aplastándole completamente la maquinaria y las dos tapas. Se salvó de la muerte, ese día, por azar.

Nuria Blanchart Cecilia López Adolfo Ochoa

Triviario tapatío segunda edición

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