Trivias de inicio

El nuevo panteón de Mezquitán De cómo el Dr. R. Michel llegó a tener su calle Yáñez y Arreola en Ciudad Guzmán

“Vamos a Guadalajara”, decían los habitantes de un poblado indígena llamado San Miguel de Mezquitán –situado al noroeste de la Plaza de Armas–, todavía a principios del siglo XX. Y es que aunque Analco y Mexicaltzingo ya eran barrios en toda forma y Mezquitán pertenecía al décimo cuartel de Guadalajara, el sitio seguía siendo una población aparte. Pero la democracia de la muerte fue la que finalmente insertó a Mezquitán en la ciudad, pues el panteón civil –ubicado donde hoy es el mercado Corona– comenzaba a carecer de espacio y se necesitó trasladarlo a un sitio más grande y alejado de la urbanización por cuestiones de salubridad. El 2 de noviembre de 1896 se abrió el nuevo panteón en lo que eran las orillas de la ciudad –hoy Enrique Díaz de León y avenida de Los Maestros–, y aunque los habitantes de San Miguel de Mezquitán se resistían a formar parte de una realidad que no era la suya, la necesidad urbana de enterrar a sus muertos no les dejó otra salida. Por cierto que el primer enterrado no fue mezquitense ni tapatío sino alemán, pues con el cuerpo del señor Juan Jaaks –farmacéutico dueño de la Farmacia Alemana– se inauguró el panteón.

El tapatío promedio es un ser común y corriente, por lo tanto tiene la intención más o menos encubierta de pasar a la inmortalidad o de que su nombre se recuerde siempre. Normal. Una de las fórmulas aparentemente más efectivas de entrar en la memoria colectiva es lograr que se su nombre y apellido sea nombre de calle; inmortalidad garantizada aunque luego se olviden los méritos del sujeto. La ciudad compacta, antes de convertirse en millonaria en habitantes, parecía no tener problemas para la nomenclatura callejera echando mano de héroes y próceres locales o nacionales. ¿Próceres locales? Los médicos Michel y Aranda del Toro tenían su consultorio por Juárez, entre Galeana y Ocampo. Su especialidad: curar las llamadas enfermedades “vergonzosas” con un sistema consistente en lavados del tracto urinario a base de una fórmula que en la actualidad sería causa de demandas. Era el año de 1930 y la penicilina milagrosa aún no llegaba al valle. Entre la clientela de los médicos estuvo el presidente municipal en turno. Agradecido por curarlo de lo que seguramente era una gonorrea, y con aquel sistema a base de yoduro de plata, tomó una decisión que seguro no fue consultada con el cabildo previa exposición de motivos: ponerle a una recién abierta calle adyacente al recién inaugurado estadio municipal el nombre de uno de los médicos, el Dr. R(oberto) Michel. ¿Prócer? ¡Gonorrea!

En 1953, el novelista Agustín Yáñez, de 49 años y siendo gobernador de Jalisco, visitó Ciudad Guzmán, donde el destacado escritor Juan José Arreola, de 35 años, le dio la bienvenida a su ciudad natal con lo que él sabía hacer muy bien: con la palabra. Agustín Yáñez lo escuchó atentamente y, lejos de conmoverse con el discurso, al acercarse Juan José Arreola a saludarlo, el gobernador le dijo: “yo no le creo nada si no se arrodilla ante mí”. Arreola, fingiendo que se tropezaba con una silla, cayó arrodillado ante el gobernador ante la mirada atónita de los ahí presentes. A partir de entonces, un Arreola arrodillado y un Yáñez convencido, formaron una amistad llena de complicidades jocosas que pusieron en dilema, en más de una ocasión, a quienes los rodeaban en los diferentes actos públicos.

Angélica Íñiguez Álvaro González de Mendoza Nuria Blanchart
El mural de la bóveda del Degollado Declive del parque Agua Azul Emotiva visita del Mariscal Tito

En 1861, dos ilustres jaliscienses, el arquitecto y pintor Jacobo Gálvez y el pintor y discípulo de éste, Gerardo Suárez, iniciaron los trabajos artísticos para pintar al óleo la bóveda del Teatro Degollado en proceso de construcción. El mural representa una escena del Canto IV de El Infierno de la La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Jacobo Gálvez, encargado de la construcción del teatro, no llegó a ver su principal obra terminada. Gerardo Suárez fue considerado también un gran artista dentro de la historia de la pintura jalisciense. Ambos yacían bajo dos lápidas comunes en el Cementerio de Belén, pero sus restos fueron exhumados el 12 de septiembre de 1966 –justo en la celebración del primer centenario del Teatro Degollado– para colocarlos en las urnas correspondientes en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

El bosque Agua Azul, al sur de la ciudad, ha pasado por grandes cambios con el paso del tiempo. Lo que antes eran manantiales de los que se derivaba el río San Juan de Dios, se convirtieron en un parque en 1890, donde podía admirarse el nado de los cisnes. En el lago había dos islitas; una de ellas, fue sede de las tertulias populares donde los tapatíos se reunían en un restaurante acompañados de una banda cada domingo. Durante el gobierno de José Guadalupe Zuno, se construyó dentro del parque un zoológico muy extenso de variadas especies que fueron la admiración de aquel lugar hasta que se sustituyó por instalaciones deportivas. También se edificó un teatro al aire. Al final de los años treinta, el presidente Lázaro Cárdenas alojó a los refugiados españoles en la Casa del Campesino que se encontraba en este parque. El paisaje se fue diluyendo. Fue mermando el bosque, desecaron el lago y se erigieron varias construcciones como: la Estación del Ferrocarril, la clínica uno del imss, el Teatro Guadalajara, la Biblioteca Pública, la Casa de la Cultura, el Teatro Experimental y la Casa de las Artesanías. Este lugar fue sede de las Fiestas de Octubre durante las décadas de los sesenta y setenta.

En los primeros días de octubre de 1963, el presidente Adolfo López Mateos acompañó durante unas horas en su recorrido por Guadalajara al presidente de la República Socialista de Yugoslavia, Mariscal Josip Broz Tito (1892-1980), quien estuvo en Jalisco durante tres días. Tito había encabezado la resistencia de los patriotas de su país en contra de la ocupación fascista, y supo conducir a su pueblo levantado en armas a la victoria contra las grandes potencias del Este y el Oeste que se disputaban la hegemonía del mundo. Esta visita fue muy controvertida por la jerarquía religiosa y grupos conservadores, debido a la profunda vocación hacia el socialismo del visitante. Estuvo en Tlaquepaque, donde admiró las obras de cerámica de sus artesanos. Allí organizaron en su honor una entusiasta recepción, en la que el Mariscal, visiblemente emocionado, se confundía con la multitud, saludando y tomando fotos personalmente. La espontaneidad de esta convivencia contagió a su esposa Yovanka y a sus compañeros de viaje, al grado que su intérprete no pudo contener las lágrimas al contestar una pregunta del Mariscal. También recorrió el Mercado Libertad (San Juan de Dios), donde convivió con las clases más modestas del pueblo.

Allí aceptó una invitación para degustar un platillo típico de la cocina mexicana, tomando asiento entre un grupo de locatarios del mercado y departiendo cordialmente con ellos esos agradables momentos. Bien sabía este líder mundial que gran parte de la simpatía popular hacia los dirigentes de los pueblos nace de la disposición de éstos para convivir con los humildes.

Cecilia López Cecilia López Adolfo Ochoa
El padre de la educación física Nombres raros Trayectoria de la Casa de los Abanicos

Carreras de la palangana, del merengue, de la sandía, del mesero, con velas, de amarrados, de gordos y flacos, de caballitos, de patos encostalados, hacia atrás, de inválidos, de carretillas o del huevo. Además de: buscar el anillo, el box ciego, comer hilo, equilibrios, subir al cielo, buscar la reina, el pocito, la cazuela tiznada, las tijeras, reventar globos, los sentones, zapatos revueltos, el juego con zancos, los aros. Son los juegos que tuvieron mucho éxito de 1929 y 1935 entre la población infantil de Guadalajara, gracias a su promotor Enrique C. Aguirre, llamado el Padre de la Educación Física en México. Muchos de estos juegos entretienen hoy en día a gran parte de la población reunida en las plazas principales de pueblos y rancherías jaliscienses durante los festejos del 16 de septiembre, después del desfile.

Mucho antes de que Ricardo Zohn y Carlos Sánchez fueran notables compositores de música de concierto reconocidos internacionalmente, tuvieron aspiraciones rockeras en Guadalajara. El primero, con la guitarra eléctrica, y el segundo, en los teclados, formaron parte en la década de los ochenta de proyectos en los cuales la música no era lo más extraño sino los nombres con los que bautizaban a sus grupos: Plasmodia fue uno de ellos; otro se llamó con irreverente humor, Opus Nite. El baterista de varios de esos grupos era el conocido monero José Ignacio Solórzano, Jis, de cuyo ingenio seguramente proviene el nombre con que bautizaron uno de sus temas: “Copete en el Pomo”. Después de tal derroche de creatividad, a Jis no le quedó más remedio que abandonar los tambores, dibujar y, melómano como ya era, convertirse en uno de los más compulsivos compradores de discos que recuerde Guadalajara. Por su parte, los compositores mencionados, Zohn y Sánchez, se reencontraron años después pero en un terreno mucho menos relajado: la prestigiada Eastman School of Music de la ciudad de Rochester, como profesores de composición.

El último gobernador del porfirismo en Jalisco fue Manuel Cuesta Gallardo, cargo que ostentó sólo 45 días –debido a una serie de manifestaciones pro-maderistas. En marzo de 1907, adquirió por 30,000 viejos pesos, la conocida Casa de los Abanicos, actualmente delimitada por las avenidas Libertad, Atenas, La Paz y la calle Moscú –sector Juárez. Destinada para una amiga íntima llamada María Victoria, el ingeniero de origen alemán Alberto Fuchs le hizo a la construcción las modificaciones que aún perduran. Al caer en desgracia política, Cuesta Gallardo la vendió por debajo de su valor a la familia Corcuera. De 1920 a 1923, fue rentada a los jesuitas quienes establecieron ahí un colegio. En 1930, la ocupó la familia Biester –en esta época, debido a la persecución cristera, la planta alta funcionaba como monasterio clandestino. Entre las instituciones educativas que estuvieron dentro de esta propiedad, están el colegio Franco Mexicano, la Universidad Autónoma de Guadalajara y el ITESO. La Casa de los Abanicos, de ser una “casa chica”, pasó a desempeñar un papel fundamental en la formación y educación de innumerables generaciones. Abandonada por años a su suerte y en completo deterioro, estuvo a punto de desaparecer hasta que un grupo de empresarios compró el inmueble a la familia Mancera y, bajo un análisis histórico y estructural para defenderla como patrimonio cultural, se restauró para crear la sede del ahora University Club.

Nuria Blanchart Alfredo Sánchez Nuria Blanchart

Triviario tapatío segunda edición

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