Trivias de inicio

Primera insurrección del nuevo siglo XIX Incendio del Cine Alameda Guadalajara en “decadencia mortal”

El miércoles 1º de enero de 1801 fue como la alborada de la libertad para México en general, y para Guadalajara en particular. Ese día ocurrió una insurrección en el pueblo de Santa Fe de Izcatán, hoy estado de Nayarit. Fue encabezada por un indígena llamado Mariano, alias Máscara de Oro, hijo de un alcalde, y a quien otros llaman Juan Hilario, que pretendía restaurar la monarquía de Moctezuma y proclamarse rey con una corona de una imagen religiosa. Los rebeldes que lo siguieron fueron derrotados poco después en El Rodeo, cerca de Tepic, por tropas salidas de Guadalajara. De esta manera quedó truncada la intención de instalar un reino mexica.

El 20 de febrero de 1952, el cine Alameda ardió en llamas en plena proyección de una cinta catastrofista llamada Cuando los mundos chocan. Debido a un corto circuito en el foro, las cortinas se quemaron y el fuego se extendió por todo el teatro sin dejar de visitar un solo rincón. Las personas que estaban en los balcones sufrieron de pánico y se atropellaban entre sí para intentar escapar. Algunos intoxicados por el humo cayeron al piso y fueron aplastados. Desde el cine Juárez se podía contemplar cómo salían algunas personas por las ventanas para saltar a la marquesina del teatro. Retumbaban en ecos constantes las sirenas de policías, bomberos y ambulancias que no cesaban de llegar al lugar del siniestro ni se daban abasto con la cantidad de gente lesionada. El agua que traían los bomberos se terminaba en cuestión de minutos y como no había hidratantes se iban a rellenar las pipas hasta el Agua Azul. La tardanza en el ir y venir permitió al fuego crecer. Alrededor de las diez de la noche se escuchó un ruido estremecedor que dio el último adiós al cine Alameda: era el techo que se desplomaba hasta caerse en su totalidad. El saldo fue de dieciséis muertos.

José López Portillo y Rojas publicó La parcela en 1898, hoy considerada una de las novelas mexicanas más importantes, y Luis Pérez Verdía sacó a la luz tres tomos de su Historia particular del Estado de Jalisco, por última vez en 1911. Sin embargo, el joven pintor y escritor José Guadalupe Zuno expresa en su Anecdotario del Centro Bohemio (publicado en 1964) que al principio del siglo XX “Guadalajara moría de una decadencia mortal”. Al parecer, y según refieren los investigadores Wolfgang Voght y Celia del Palacio, dicha decadencia se debía a la nula relación entre las generaciones de artistas viejos y los jóvenes; o sea, un patrón de conducta repetido en Guadalajara a lo largo de la historia.

Hugo Torres Salazar Cecilia López Angélica Íñiguez
Accidente aéreo Severo Maldonado, periodista de dos caras Luis Barragán, premio Pritzker

A las 22:43 horas del lunes 2 de junio de 1958, un avión Constellation XA-MEV de Aeronaves de México que había despegado cuatro minutos antes del aeropuerto de Guadalajara se impactó contra el cerro Las Latillas, en Tlajomulco. El accidente le costó la vida a sus pasajeros. Testigos en el área aseguraron que habían escuchado una explosión en el aire y visto que despedía grandes llamaradas antes de precipitarse. Al parecer, el accidente se debió a un error del piloto. El capitán Alfonso Ceceña Gastélum se excedió, cuando menos medio kilómetro, en hacer virar la nave hacia su izquierda, en una denominada “vuelta en gota” para retornar hacia el aeropuerto de Guadalajara y enfilar enseguida en línea recta rumbo a la capital del país. Pudo evitarse la tragedia, según determinaron los exámenes periciales, si hubiera pasado por Las Latillas con 25 metros más de elevación. El vuelo, donde perdieron la vida 46 personas –la mayoría estadounidenses–, provenía de Tijuana. En Guadalajara, luego de una torrencial lluvia, recogió a 16 pasajeros de lo más selecto de la sociedad tapatía de aquella época. Fue un acontecimiento trágico impregnado por múltiples rumores que se desataron después, consistentes en la posibilidad de un atentado dinamitero que implicaría al arzobispo Garibi, la falla de alguno de los cuatro motores, un incendio, un cortocircuito y hasta una bomba mandada colocar en el interior del aparato por el entonces gobernador Agustín Yáñez para impedir que unos documentos importantes fueran a llegar a Roma.

Severo Maldonado, nacido en un Tepic que aún era Jalisco en 1775, además de ser cura tenía fama de altanero y presuntuoso. Sin embargo, puso su muy sacerdotal, complicado y paradójico ingenio al servicio de la insurgencia de Hidalgo. Para ello ocupó la única imprenta que había en Guadalajara, a cargo de José Fructo Romero, y realizó una publicación periódica que más que noticias difundía el pensamiento independentista: El Despertador Americano. Siete veces apareció el periódico entre diciembre de 1810 y enero de 1811. El director y editor del mismo lo aprovechó para difundir sus propias tendencias políticas muy semejantes al socialismo utópico. Al resultar mal las cosas luego de la derrota de Calderón, Maldonado cambió su postura política y aceptó, a cambio de su libertad, editar otro periódico llamado El Telégrafo de Guadalajara, en el que publicó ideas totalmente contrarias a las expresadas en su Despertador insurgente, de tono realista y a favor de la monarquía. Severo Maldonado: pionero del periodismo, pero también de una actitud que no es ajena a la profesión y enmarcada en el “cambio porque los vientos cambian” inscrita al pie de las veletas.

Ganó el premio Pritzker de arquitectura, expuso en el Museo de Arte Moderno en Nueva York, expuso también su obra en el museo Tamayo, recibió el premio nacional de Ciencias y Artes y también fue acreedor del Premio Jalisco. Fundó junto con Ignacio Díaz Morales, Rafael Urzúa y Pedro Castellanos, el grupo tapatío de arte arquitectónico. Luis Barragán, destacado artista tapatío reconocido internacionalmente, nació el 9 de marzo de 1902. Las haciendas, el mundo rural y las tradiciones populares formaron parte de su infancia, la cual vivió en los escenarios de la Sierra del Tigre, en Corrales, un poblado cercano a Mazamitla. Imágenes tradicionales, simples y de paisajes verdes, fueron elementos de importante influencia en toda su obra. Él y su hermano participaron en el concurso Parque de la Revolución, el cual ganaron y construyeron en 1936. En Guadalajara también diseñó las colonias Seatle, Jardines del Bosque, así como remodelaciones de residencias –Pavo y Madero, en el centro histórico–, llenas de silencios encontrados –recreaciones físicas del pensamiento de su autor. En la Ciudad de México proyectó el fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel y la Plaza Torres de Satélite, entre otras obras. Falleció el 22 de noviembre de 1988 en Tacubaya. Sus restos descansan en el panteón de Mezquitán.

Adolfo Ochoa Álvaro González de Mendoza Mariana V. Gómez
Nuevo foro para el arte El birote Palacio de las Vacas

El sitio que hoy se conoce como Foro de Arte y Cultura, allá por el rumbo de la Escuela Normal, fue primero la sede del Congreso del Estado. Como no les gustó a los legisladores –quizás les quedaba muy lejos– se le cambió el nombre y el giro y se le puso Centro de Convenciones. El nombre de Foro de Arte y Cultura lo obtuvo en 1984 cuando se comenzó a remodelar para hacerlo un recinto de actividades culturales, bajo el mando de Avelino Sordo Vilchis, quien fue el director durante algunos años. Lo primero que se realizó en el lugar, ya con el nuevo nombre, fue un concierto del grupo de canto nuevo Escalón en marzo del mismo año 84. Al año siguiente, y ya con la remodelación terminada, se inauguró oficialmente con dos exposiciones: un encuentro de artistas gráficos y una colectiva organizada por Carlos Ashida y que se llamó 35 en el 85. A partir de entonces el Foro se consolidó como sitio de exposiciones y espectáculos.

El birote, también conocido como bolillo salado, no se elabora en ninguna otra parte del mundo más que en la Perla Tapatía, debido a la altitud, temperatura, humedad, presión atmosférica y clima de Guadalajara. Se dice que durante la Conquista fue elaborada la primera versión del birote. La que conocemos en nuestros días fue diseñada por panaderos franceses con apellido Birot. Estos panaderos arribaron a la ciudad en la primera mitad del siglo XIX. El fleiman, sin sal, es el birote original, y el salado fue una variante que surgió en la primera parte del siglo XX, al que se agregó salsa de tomate y picante por dentro y después por fuera para inventar las primeras tortas ahogadas.

El Palacio de las Vacas, por la calle de San Felipe, se llama así porque quien lo hizo construir –un tal Segundo Díaz–, había hecho su fortuna gracias a sus hatos ganaderos. Don Segundo Díaz había adquirido el terreno y construyó su casa como quiso –al fin muy suyo el no poco dinero que invirtió en su hechura. Mezcló estilos arquitectónicos hasta el cansancio, pero en opinión de Francisco Ayón Zester, elementos tan diversos y cargados “armonizaron de puro milagro”. La obra se terminó en 1910. Segundo Díaz pagó al joven coahuilense recién llegado a Guadalajara, Xavier Guerrero, para que pintara los interiores del palacete. Guerrero cayó en el Centro Bohemio comandado por Guadalupe Zuno y más tarde, en la ciudad de México, se convirtió en uno de los más importantes exponentes de la plástica nacional. En uno de los corredores del llamado Palacio de Las Vacas, Guerrero pintó una escena campestre; en una de las habitaciones, un angelito de la guarda; y en el techo de la escalera, una imagen erótica que el crítico Ignacio Martínez tituló Los Amantes y por la que Francisco Ayón Zester lo llamó “bribón”.

Alfredo Sánchez Cecilia López Angélica Íñiguez

Triviario tapatío segunda edición

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