Trivias de inicio

Cursi y romántico Promotor de la salud infantil El Informador

¿Romántico? ¿Será alguien que tiende hacia el quijotismo, lo sensiblero y lo pasional por no decir lo impráctico? Que en el siglo XIX el tal romanticismo fuera una tendencia literaria, eso es propio de todo un tratado que no de la intención de mostrar a un poeta coahuilense –clasificado como romántico–, cuyos versos son cursis y bastante malos. Alguien que logró encumbrarse luego de meterse por propia mano en el cajón, por despecho. Rosario no le hizo caso. Y cómo le iba a ser caso la muy coqueta si él le escribió nocturnalmente aquello de “… yo siempre satisfecho, los dos una sola alma, los dos un solo pecho, y enmedio de nosotros mi madre como un dios…”. Vaya proyecto amatorio… Aquel estudiante de medicina emigrado de Coahuila a la capital, autor del “necesito decirte que te adoro, decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto... al grito que te imploro…”. Vaya chillón. Por cierto a su amada Rosario le importó un cacahuate que su enamorado se suicidara. Sus amigos entronizaron su cursi mediocridad, alabaron su valentía de empinarse el cianuro, a tal punto que… ¿Sabes dónde está la llamada Casa Jalisco, la del goberenturno? Sí, por la calle que lleva su nombre, Manuel Acuña (Saltillo, Coahuila 1849-1873). ¿Méritos? Su cursilería, ensalsada por la crítica. ¿Criticar a la crítica? Impensable.

El doctor Joaquín Baeza Alzaga nació el 10 de marzo de 1862 en Guadalajara. Antes de cumplir los tres años de edad murió su padre. Al cuidado de su madre, realizó sus estudios. Se tituló como médico el 23 de agosto de 1893. Recién graduado, trabajó en la Compañía Industrial de Guadalajara, atendiendo semanalmente a los enfermos de las fábricas La Escoba, Río Blanco, Atemajac y La Experiencia. En 1897 fue contratado como “médico vacunador”, aplicando la vacuna contra la viruela. En 1907 rescató la producción de linfa vacuna animal, la cual empezó a producir en su propio laboratorio. Su naturaleza filantrópica lo llevó a estructurar un programa social de beneficencia que constituyó la primera tentativa de protección de salud a la infancia. En 1909 mediante su propio peculio fundó un dispensario para atención a pequeños de familias de escasos recursos, donde se les proporcionaba atención médica, medicinas y leche esterilizada. A su instancia se debió el Instituto Vacunógeno de Jalisco en 1921. Logró, a través de la medicina, canalizar todo su ingenio y vocación de servicio a la protección de la infancia. Murió el 18 de septiembre de 1949, en Chapala.

El diario tapatío más antiguo que aún está en circulación y cuyas letras han sido leídas durante 90 años por varias generaciones es El Informador. Cuando persistían choques entre facciones revolucionarias, el señor Jesús Álvarez del Castillo estableció un periódico “cuyos socios fueran tapatíos”. Aunque muchos de ellos no entraron al proyecto, éste nació el 5 de octubre de 1917, “publicado por la Compañía Editora de Guadalajara, S.A., que tenía un capital de cuatro mil doscientos pesos, del señor Álvarez del Castillo, socio mayoritario, en tanto que don Ramón Castañeda aportó quinientos pesos”. Sus oficinas se ubicaron primero frente a la catedral y luego en la calle Independencia. El periódico atravesó por varios obstáculos: tenía problemas con la tipografía llamada “de caja”, lo que suponía “parar” los textos a mano, letra por letra y de una pequeña prensa de dos impresiones llamadas blanco y vuelta. Esto impedía que el periódico saliera por la mañana. El capital se esfumó con los socios iniciales, por lo que Álvarez del Castillo compró sus partes. Una vez fue cerrado por órdenes del presidente Álvaro Obregón y del gobernador Everardo Topete. Hasta su muerte, en 1966, su fundador fue editor-director de este diario.

Álvaro González de Mendoza Adolfo Ochoa Cecilia López
Parque Morelos Vicisitudes de La Diosa de la Fortuna Pollo a la Valentina

El primero de noviembre, día de Todos los Santos, empezaba la tradición popular de instalar varios puestos con juguetes muy variados sobre las aceras del jardín del Parque Morelos. Todos los niños de la ciudad hacían su recorrido por el parque para comprar los juguetes novedosos. Unos hacían alusión al día de muertos con calacas que salían sonrientes de sus cajas de madera. Otros eran para las niñas, como las muñecas de cartón con la cabeza fija y un nombre escrito en el pecho –sólo movían los brazos y las piernas que estaban sujetos por una hilaza que las atravesaba de lado a lado y eran fijadas por un nudo. En otro puesto vendían valeros de madera de todos los tamaños. Para los niños había dos boxeadores fijados a una tabla de madera que al apretarle el botón central empezaban a pelear con fuerza. También había unas escaleras con un mono que subía y bajaba. Del otro lado, estaban las culebras de madera que se movían sinuosamente cuando eran sostenidas de un extremo. No podían faltar las famosas cuerdas para brincar. Así, muchos niños tapatíos esperaban con ansia la llegada del primero de noviembre.

En 1865, fue creada una escultura de mármol, de 1.91 metros de una sola pieza, conocida como La Diosa de la Fortuna. Fue encargada por el arzobispo Pedro Loza al escultor italiano Carlo Nicoli. La obra, una vez concluida, tuvo sucesivos destinos: el Patio Central del Liceo de Niñas ahora Sede del Supremo Tribunal de Justicia, el Museo Regional de Guadalajara, la Caja de Agua (Circunvalación Agustín Yánez y avenida Arcos), y la Plaza Tapatía, donde en un acto vandálico perdió su mano y cetro y así permaneció hasta el año 2004 en que fue trasladada al foyer del Teatro Degollado. Hugo Testolini, colaborador de la Dirección de Patrimonio Artístico e Histórico, buscó en Italia el taller de Carlo Nicoli y lo encontró en Carrara bajo el nombre de: “Nicoli & Lyndam Laboratori di scultura in marmo, fondato nel 1863”. Se estableció la conexión y, a partir de 2007, la mano con el cetro traída de Italia fue restituida a La Diosa de la Fortuna por el propio Carlo Nicoli: el bisnieto del autor que esculpió la estatua.

Los platillos regionales jaliscienses se han caracterizado por su sabor así como por su diversidad, de tal manera que ahora resultan insustituibles en la dieta de los mexicanos. Satisfacen el apetito más exigente, los tamales, dulces o de carne, las tostadas de pata, cueritos o carne, el pozole, las tortas ahogadas, las enchiladas, sencillas o compuestas, los tacos, las carnes asadas o “en su jugo” y la indiscutible birria. Otro tipo de carne es el pollo y este puede prepararse de distintas maneras, en mole, en pepián, pero el que ganó un lugar especial fue el pollo preparado por una experta cocinera, Valentina Santos en el antiguo barrio de El Santuario. Era tal la fama que adquirió este platillo que no sólo asistían los tapatíos a saborearlo, sino de todo Jalisco y aun de otros estados de la República. Francisco Villa, el general Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, María Félix, el pistolero jalisciense el Remington, el Rey Carol II de Rumania y hasta el empresario Henry Ford, degustaron el peculiar platillo. El pollo a la Valentina, plato especial de la gastronomía jalisciense.

Cecilia López Nuria Blanchart Hugo Torres Salazar
Otra muestra de la rivalidad México-Guadalajara Vía Recreativa Orígenes del jarabe tapatío

En 1884, las autoridades de la Ciudad de México dispusieron que el Distrito Militar de Tepic (7° Cantón) pasara a ser Territorio de la Federación, despojándosele a Guadalajara, de manera definitiva, la posibilidad de desarrollarse mediante las comunicaciones marítimas por el puerto de San Blas. El denominado Son de la Negra conserva y atestigua una remembranza de las mercaderías de las naos de China que llegaban a Jalisco por esta vía, al referir: “...cuándo me traes a mi negra, que la quiero ver aquí, con su rebozo de seda que le traje de Tepic.”

Cuando ya en esta ciudad la bicicleta era vista como un objeto de recreación destinado a la montaña o por lo menos al bosque de la Primavera y considerada como transporte de tercer mundo, incluso peligroso, la Vía Recreactiva –ese paseo para peatones, bicicletas, patines y mascotas instituido en 2005 que atraviesa de Oriente a Poniente a la ciudad– hizo que las cosas cambiaran. Más allá de la imagen de la vieja bicicleta olvidada y llena de grasa y polvo que adorna la cantina La Fuente, en Guadalajara volvió a verse ese medio de transporte desplazado hace muchos años por el automóvil. Incluso llegaron ya algunos expertos que se instalan cada domingo en algún punto de la Vía Recreactiva y ofrecen sus servicios arreglando bicicletas.

El baile llamado jarabe gatuno que trajeron los conquistadores españoles dio origen al famoso jarabe tapatío que hoy conocemos. Los jarabes empezaron a retumbar y a hacerse populares entre los distintos habitantes de la Nueva España, los cuales aportaban a la letra su ingenio y sentido del humor. En aquella época se bailaba en forma burlesca, intercalándose durante la danza una o dos estrofas cargadas de sátira. Muchas coplas traían su popular agresividad mezclada con irónicas letras, haciendo alusión a alguna aventura amorosa, adulterio, desmanes o simples coqueteos de personajes de las clases privilegiadas como jefes políticos, alcaldes y hasta el mismo virrey. Los jarabes más famosos que sobresalieron en aquella época fueron: El pan de jarabe, El pan de manteca, El charro, La señorona y La llovizna, entre otros. En Guadalajara se le dio a este género popular su más perfecta expresión, y en 1683 adquirió su mayor auge. A principios de 1800 el Jarabe tapatío se fue dignificando hasta llegar a convertirse en un verdadero bailable, cargado de belleza y alegría.

Adolfo Ochoa Angélica Íñiguez Cecilia López

Triviario tapatío segunda edición

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