Trivias de inicio

La Muestra de Cine Mexicano Pepa y Chana Fábrica de velas de estearina

El director de cine Jaime Humberto Hermosillo y el crítico e investigador Emilio García Riera vivían y trabajaban en Guadalajara cuando decidieron que era el momento propicio de crear un festival de cine en “provincia” –donde la gente del Distrito Federal creía que no pasaba nada. Eran tiempos difíciles para la industria fílmica, o mejor dicho, no había tal, pues el estado mexicano se había retirado de la producción cinematográfica a finales de los años setenta. Hermosillo y García Riera buscaron y encontraron apoyo en la Universidad de Guadalajara y en 1986 nació la Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara. Se dieron 35 funciones en el Instituto Cultural Cabañas y el Museo Regional; se exhibieron siete de las 12 películas que Hermosillo había realizado hasta entonces, así como El día que murió Pedro Infante (1983), de Claudio Isaac y el cortomtraje de Guillermo del Toro: Doña Lupe, por citar algunas. Cuentan que para los invitados internacionales –en particular para el conocido crítico Robin Wood–, el cine mexicano resultó sorprendente.

El Portal de los Agustinos en Guadalajara (oficialmente el de Guerrero, después el de Sears, y hoy sin nombre), durante el inicio del siglo XIX fue conocido por el nombre de Portal de Pepa. Esto por una popular vendedora de aguas frescas que estaba en el centro de la cuadra y que, además de vender aguas sabrosas, era la encargada de transmitir noticias sobre los tapatíos: “Pepa, ¿no ha venido fulano?”, “No, no ha pasado hoy”. “Pepa, ¿no me dejó nada dicho Andrés?”, “Sí niña, dijo que esta noche no iba a su casa porque su papá sigue enfadado”. “Pepa, ¿qué hay?”, “Tenga este papelito que le dejaron”. Y de esta forma el cajón de Pepa sirvió de agencia de información, de correo y de todo. Además del Portal de Pepa estaba el de Santa María de Gracia frente a Palacio; éste se conocía como el Portal de Chana, por Feliciana Corona de Arévalo, que tenía allí una sedería y perfumería y que era muy querida porque la pasaba en un equipal platicando con todo mundo y porque fue la primera en dar trabajo de dependientas a mujeres tapatías.

En el gobierno de Porfirio Díaz se facilitó no sólo la entrada de capitales extranjeros al país, sino también la entrada de maquinaria para las nuevas industrias –siempre y cuando llenaran los requisitos que el ejecutivo estatal exigiera. El gobierno de Jalisco, mediante la Ley de Hacienda de 1896, concedió exenciones de impuestos –entre otras facilidades– a fin de que dichas industrias impulsaran el florecimiento del estado en materia económica, comercial e industrial. Los señores Parcels y Fox, de nacionalidad estadounidense, decidieron establecerse en Guadalajara en junio de 1898, con la primera fábrica de velas de estearina, substancia consistente en una fórmula de éster esteárico de la glicerina. Como el país sufría entonces una gran escasez y altos precios de los combustibles, el permiso de la fábrica se concedió gracias a que introdujo maquinaria, consistente en una caldera de vapor con capacidad de diez caballos de potencia.

Angélica Íñiguez Mario Z. Puglisi Adolfo Ochoa
¡Los valientes no asesinan! Tranvías Falsos pianos de cola

Perseguido desde la Ciudad de México por el Partido Conservador, el presidente Juárez se refugió en el palacio de gobierno de Guadalajara. Un grupo de rebeldes armados llegó a la ciudad, solazándose en cazar gentes pacíficas que se aventuraban por las calles y aun dentro de sus casas. De esta manera irrumpieron los rebeldes a Palacio, hasta donde estaban Juárez y sus ministros, haciéndolos prisioneros y encerrándolos en una habitación. El 14 de marzo de 1858, el coronel Cruz Ahedo decidió liberar al presidente, mediante una atrevida y arriesgada incursión en Palacio, pero fue repelido. Durante el tiroteo, los enemigos de Juárez se creían perdidos, por lo que decidieron acabar, de una vez, con el principal prisionero. Filomeno Bravo, con veinte soldados dispuestos a matar, se dirigió hasta donde estaba Juárez, dando la orden de preparar y apuntar las armas contra él. Al escucharse el estruendo de las llaves de los fusiles, de un salto, el ministro de Hacienda, Guillermo Prieto, cubrió con su cuerpo a Juárez, interponiéndose con los brazos tendidos contra los fusiles, y gritando: “¡Los valientes no asesinan! ¡Somos sus prisioneros, somos sus hermanos, respeten nuestras vidas!”. Filomeno Bravo, sorprendido por tan inesperada energía, se detuvo y no dio a sus soldados la voz de fuego.

Todo estaba listo para la inauguración del tranvía eléctrico. Los rieles por los que circularían los tranvías eléctricos fueron armados por técnicos y obreros mexicanos. Las vías se fueron tendiendo por calles, así como los postes uniformes que mantenían los cables. También llegaron diez carros armados, listos para desfilar por las calles de Guadalajara. El 14 de septiembre de 1907, ante la admiración de multitudes de tapatíos apiñados en el cruce de las avenidas Corona y Juárez, el tren inaugural salió a las 10:30 horas para encaminarse hacia el Agua Azul y San Pedro. Fue una mañana inesperadamente lluviosa que provocó el amontonamiento de los tapatíos que se empapaban sus elegantes ropas y sombreros de ala ancha con plumas enormes –en el caso de las damas. La gente gritaba del gusto y del remojón. Guadalajara llegó a tener un magnífico servicio de tranvías eléctricos con los carros más modernos y lujosos. Sin embargo, con el paso de los años los tranvías fueron decayendo y causando obstáculos en las calles hasta que llegó su desaparición total el 4 de julio de 1944. Con esto se borró por completo uno de los aspectos más típicos y pintorescos de nuestra ciudad.

Cuando Guadalajara cumplió 463 años de su fundación en 2005, el Festival del Centro Histórico trajo el espectáculo regiomontano conocido como Concierto de los 10 pianos, en el que 10 ejecutantes interpretaron piezas como Huapango de Moncayo, El corrido de Monterrey o el fragmento de la Novena Sinfonía de Bethoveen conocido como El Himno a la alegría. Los 10 pianos de cola se instalaron en un escenario que tenía como fondo el Teatro Degollado: la Plaza Liberación lució llena, el público aplaudió a rabiar. Sin embargo, tales pianos no eran pianos, sino clavinovas (instrumentos electrónicos que intentan parecerse al piano) disfrazadas con traje de cola que no era más que utilería confeccionada con cartoncillo negro. Esto se supo gracias a la indiscreción de un joven de la producción, inexperto por lo demás, que sin malicia lo confesó todo a una grabadora de reportero.

Adolfo Ochoa Cecilia López Angélica Íñiguez
Actividades recreativas Mathías Goeritz, artista Mujeres en Stereo Soul

En los años cuarenta, bajo las pinceladas del sol que anunciaban la tarde, la Plaza de Armas esperaba la llegada de las familias tapatías que, mientras disfrutaban del sabor de algodones de azúcar y manzanas bañadas en caramelo, escuchaban las marchas y música clásica que tocaba la banda municipal dentro del kiosco. En la misma época, la sede de los enamorados tapatíos era el Parque de la Revolución, lugar de reencuentros casuales que se daban gracias a las vueltas opuestas que daban los varones de las jovencitas. Muñequita Linda, Quiéreme Mucho, Morenita Mía y Aquellos Ojos Verdes, eran las canciones de moda que provenían del tocadiscos de una camioneta que se ponía justo en medio del parque para que todos se deleitaran con la música. Los jóvenes llegaban a solicitar alguna canción para dedicarla a alguna muchacha. También compraban gardenias, las únicas flores que vendían ahí, para dar muestras de afecto. Estas veladas románticas, de 8:00 a 11:00 pm, se repetían cada jueves y domingo. Hoy nadie imaginaría que detrás de cada banca del Parque de la Revolución se esconde una historia de amor que quizá perduró y que seamos, después de algunas generaciones, una de sus secuelas.

Nacido en Danzig, Alemania, en 1915, Mathias Goeritz fue el primero de los varios profesores europeos que emigraron a Guadalajara para dar clases en la recién formada escuela de arquitectura de la Universidad de Guadalajara en 1947. Aunque se había formado bajo las ideas de la vanguardia artística alemana de principios del siglo XX, Goeritz era una especie de monje dadá que repetía incesantemente a sus alumnos: “¡Menos inteligencia y más fe!”. En 1953 construyó en la ciudad de México el mejor ejemplo de lo que él llamó arquitectura emocional: el Museo Experimental El Eco. Dos años después, en 1955, terminó en Guadalajara el Pájaro amarillo, símbolo de acceso al fraccionamiento Jardines del Bosque. Es en 1957 cuando realiza –junto con el arquitecto Luis Barragán– la que sin duda sería su obra más significativa y la que, paradójicamente, le dio los mayores dolores de cabeza. Se trata del conjunto escultórico de las Torres Satélite en la ciudad de México. Una plaza con cinco prismas triangulares que servía como puerta de ingreso a la entonces naciente Ciudad Satélite. El haber omitido a Luis Barragán en los créditos de autoría de la obra para alguna publicación extranjera, le valió una enemistad vitalicia con el arquitecto. El affaire de las también llamadas “torres de la discordia” se aclaró en 1987 (sólo un año antes de la muerte de Barragán y tres de la de Goeritz) por mediación del arquitecto Díaz Morales –el mismo que 40 años atrás había invitado a Goeritz a enseñar arquitectura en Guadalajara. La carta (firmada por ambos) dice: “Según tu sugestión te manifestamos de común acuerdo, que el crédito sobre la paternidad de Las Torres de la Plaza Satélite de esta ciudad es de nosotros dos. Lo que te participamos para que hagas de esta manifestación el uso discreto que consideres”.

La estación radiofónica Stereo Soul, ubicada en el 89.9 de la FM, surgió en la década de los setenta cuando se vivía la euforia por la llamada disco music. Ante el declive de ese género, la estación se fue reorientando hacia terrenos más rockeros y ganó fama como alternativa en un cuadrante demasiado complaciente. Pero aún a fines de la década siguiente y por política de Sistema Radio Juventud –empresa a la que pertenecía– sólo se escuchaban en el micrófono voces masculinas en su frecuencia. Esto comenzó a cambiar cuando apareció una chica llamada Marcela Zapata quien logró convencer a los jefes y se convirtió en la primera locutora de la emisora. Luego llegó Sofía Solórzano, cuya voz ronquita y estilo desenfadado le puso pimienta a la estación. No sólo eso, Sofía también fue responsable de que en Stereo Soul, donde sólo se programaba música en inglés, apareciera un programa de rock en español con el divertido nombre de La Maroma, una verdadera voltereta en el esquema de la legendaria estación que años más tarde, cuando la empresa fue vendida, cambió de nombre, abandonó el rock y le entró con alegría y entusiasmo económico a la música grupera.

Cecilia López Sergio Ortiz Alfredo Sánchez

Triviario tapatío segunda edición

De venta en librerias Gonvill. Entregas a domicilio enviando email a: envios@tediumvitae.com

Costo: $350.00 pesos.