Trivias de inicio

Las cabinas de Wagner Colección arqueológica Breve vida de El País de Magusín

Cuando la avenida Chapultepec todavía era conocida por muchos como Lafayette, había en ella, entre Vallarta y López Cotilla, una sucursal de la Casa Wagner, tienda de discos e instrumentos musicales. Era la época de los discos de acetato, viniles o, como se les decía entonces, elepés, abreviatura de long plays. Los discos que se vendían eran de edición nacional de no muy buena calidad y llegaban a la ciudad mucho más tarde que los originales que salían en Estados Unidos o Europa, pero eran más baratos que los importados (que, además, a veces eran inconseguibles). Una peculiaridad de la tienda eran sus cabinas para escuchar música. Cuando a uno se le antojaba un disco, antes de tomar la decisión de comprarlo podía optar por escucharlo con calma en la cabina. Sobra decir que muchos chavos acudían con frecuencia sin un peso en la bolsa pero haciéndose pasar por inminentes compradores. Seleccionaban varios discos y se pasaban la tarde entera escuchando a Janis Joplin, John Lennon o Chicago. Los aburridos dependientes reclamaban en ocasiones, pero casi siempre se hacían de la vista gorda.

Cuentan que debajo de lo que es hoy la Casa Vallarta de la Universidad de Guadalajara había decenas de esqueletos humanos. La poca gente que lo sabía vivía aterrorizada. Y es que los enterados eran arqueólogos y antropólogos que conocían las condiciones deplorables en que la valiosa colección osteo-antropológica permanecía guardada: un sótano húmedo a veces con goteras y de espacio insuficiente. Cuando la arqueología en México no estaba legislada aún, allá por la década de los cuarenta, el ingeniero Federico Solórzano Barreto encontró en sus excavaciones cráneos y esqueletos pertenecientes a antiguas civilizaciones del occidente del país y formó una enorme colección. Hoy tiene dos mil esqueletos completos con todo y sus cráneos, hallados en diversos entierros, en espera de que el INAH proporcione recursos para su estudio y mantenimiento. Pocos conocen la colección, pues nunca se ha exhibido. Los esqueletos guardan valiosa información: su estudio permitirá conocer cómo vivían, qué comían, cómo estaban conformadas sus sociedades. Por ahora, los huesos descansan en el Museo de Paleontología Municipal Federico Solórzano.

Al romperse el simbólico listón de la inauguración de El País de Magusín, en junio de 1965, un nuevo centro de diversión para las familias tapatías nacía con la promesa de ser el lugar de entretenimiento más concurrido en Guadalajara. Contaba con teatro, cine, hipódromo, autopista y ferrocarril. Los múltiples invitados pagaban la cuota requerida de un peso para abarrotar sus rincones y participar en sus distintas actividades recreativas. Este centro de diversión estaba ubicado en la avenida López Mateos, a la altura de las Águilas (puertas que marcaban el límite de la ciudad), por lo que representaba toda una excursión llegar hasta el lugar. Al ingresar al centro recreativo, los asistentes podían disfrutar de varios servicios gratuitos como: patinetas, patines, columpios, resbaladeros, bimbaletes y espiro bol. Por si fuera poco, la promoción anunciaba el 2X1 para el trenecito que rodeaba el lugar. Al poco tiempo, lo que pretendía ser un cuento de hadas se convirtió en un triste remedo de Disneylandia, con payasos, magos y ventrílocuos poco agraciados que, desgastados y con la fatiga en la cara, daban sus funciones. En el transcurso de unos cuantos años se borraron por completo las huellas de El País de Magusín, hasta que quedó cerrado oficialmente a principios de los años setenta.

Alfredo Sánchez Angélica Íñiguez Cecilia López
Beatriz Hernández y la batalla de Tlacotlán ¡El Rey es mi gallo! Expo Guadalajara

La mujer de Juan Sánchez de Olea, Beatriz Hernández, figura en la crónica histórica por su carácter decidido y valiente. Beatriz participó en la defensa de los españoles colonizadores. Cuando estaban en Tlacotlán, en 1535, se armó y combatió como varón. En la defensa que capitaneó Cristóbal de Oñate, la pequeñísima ciudad fue cercada por incontables nativos; Beatriz alentaba a los españoles y mató con furia a varios asaltantes. Narra la crónica que Beatriz sacó de la iglesia a las atemorizadas mujeres que se refugiaban allí, diciéndoles: “No es tiempo de desmayos”, y las llevó a la improvisada fortaleza para resistir. Con una lanza en la mano y vestida con corazas, ayudó a proteger a los colonos y animarlos a que fuesen valientes. Tomó a su cargo la guardia hasta que los atacantes fueron repelidos. Más tarde su participación fue definitiva para que Guadalajara fuese trasladada a un sitio más seguro en el valle de Atemajac.

Nuño de Guzmán había corrido de Tonalá a los españoles que seguían a Cristóbal de Oñate y que se habían asentado allí, pues no quería españoles alrededor de sus dominios. Corría el año de 1541 y el regimiento, “gente principal” y vecinos estaban reunidos –órdenes del gobernador Cristóbal de Oñate– en el cabildo de Tlacotlán, muy preocupados porque no lograban definir el lugar donde refundarían Guadalajara, debido al hostigamiento a que estaban sometidos en la llamada ‘Mesa del Ajedrez’. En plena discusión, entró Beatriz Hernández –esposa de Juan Sánchez de Olea– y los apresuró a determinar el sitio de la mudanza, pues si no ella misma lo haría. Pidió un asiento y la palabra, cosas que el gobernador Oñate le otorgó, y –según relata Agustín Yánez que escribió fray Antonio Tello en su Crónica Miscelánea de la Conquista de la Sancta Provincia de Xalisco–, Beatriz Hernández anunció: “Señores, el Rey es mi gallo, y yo soy de parecer que nos pasemos al valle de Atemajac, y si otra cosa se hace será de servicio de Dios y del Rey, y lo demás es mostrar cobardía…”. Entonces dijo el gobernador: “Hágase así señora Beatriz Hernández, y puéblese do está señalado”. Es de todos sabido que Guadalajara se fundó donde aquella mujer dijo y por ello se erigió su escultura en bronce, a metros de la Plaza Fundadores.

Dado a que en poco tiempo Guadalajara se había convertido en un importante centro distribuidor de mercancías y servicios, se veía una clara necesidad de emprender la edificación de un centro de exposiciones de incuestionable beneficio económico. El gobernador Enrique Álvarez del Castillo mostró su apoyo a este proyecto emprendido por varias asociaciones empresariales y hombres de negocios. El reto fue difícil debido a que se debía reunir una suma muy considerable para ver materializado el sueño. El gobierno del Estado participó con un crédito de doscientos millones de pesos. A su vez se integró un Comité Técnico Responsable de la Obra y un Comité Promotor del Centro de Ferias y Exposiciones. El 20 de febrero de 1987 se puso en servicio uno de los proyectos más ambiciosos en Guadalajara: el centro de exposiciones Expo Guadalajara abrió sus puertas para celebrar Expo Mueble 87, organizada por la Asociación de Fabricantes de Muebles. Los resultados de este primer evento superaron las expectativas: “Siete mil ochocientos cuarenta y tres compradores nacionales y seiscientos trece extranjeros hicieron operaciones por veinte mil millones de pesos y dos millones de dólares, respectivamente”.

Mario Z. Puglisi Angélica Íñiguez Cecilia López
Plaza del Sol Oblatos: los ofrecidos Labor de Manuel López Cotilla

Para facilitar a los tapatíos la adquisición de todo tipo de artículos sin que tuvieran que recurrir a “la tienda de la esquina” o ir “hasta el Centro”, varios empresarios concretaron la idea de construir una plaza comercial para Guadalajara. Pretendían un centro comercial que fuera el mayor y el más moderno de América Latina, llamado Plaza del Sol. Según la opinión de mucha gente, el terreno que se adquirió en Mariano Otero y López Mateos “estaba muy lejos”, pese a ello, la primera piedra que se colocó para dar vida al nuevo centro comercial fue el 10 de enero de 1969. En un lapso de diez meses fue inaugurada para ofrecer a los tapatíos un gran repertorio de comercios. Fueron ciento cuarenta tiendas rodeadas de áreas comunes que incluyeron calles interiores y un estacionamiento para dos mil carros. El inicio no fue fácil, debido a que el éxito de Plaza del Sol dependía de un radical cambio de hábitos de compra en los tapatíos. Pero finalmente, Plaza del Sol tuvo una influencia positiva en la economía de Guadalajara, porque muchos empleos fueron creados. Esta plaza fue el comienzo de la modernización del comercio en Guadalajara.

¡Cuidado con las palabras! Advertencia que viene a cuento por un término multipresente en la ciudad. Una fracción de la barranca de los cientomuchos nombres así se llama y es todavía denominación de una extensa zona de la ciudad oriental. Hubo una prisión que tuvo ese nombre y no hace mucho se inició el proyecto de reconstrucción del casco de la hacienda llamada de igual manera: Oblatos. Pero, ¿qué significa o a qué viene eso de “oblatos”? Textualmente, y al ser el participio pretérito del verbo latino offerro, significa “los ofrecidos”. ¿A quién o por qué? Ya para el siglo XVIII habían llegado a Guadalajara innumerables miembros de las llamadas órdenes religiosas: franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, mercedarios, carmelitas y otros, inmiscuidos en labores de evangelización y educativas. Todas, órdenes de origen europeo. ¿Por qué no crear una congregación local, como primer paso para fundar una orden de religiosos? Para tal efecto se obtuvo que en 1702 el papa Clemente XI aprobara la normatividad de los llamados Sacerdotes Oblatos –individuos que ofrecieran su vida para ayudar a sus semejantes–; y con el fin de darle sustento económico al proyecto, se les dotó de tierras en las proximidades de la ciudad: tierras de Los Oblatos, hacia el rumbo barranqueño. Ya para 1775, por falta de adscritos o inscritos, el proyecto acabó –pero el nombre prevaleció: Oblatos.

Manuel López Cotilla (1800-1861) fue un destacado maestro y funcionario tapatío que actuó con la convicción de que la educación es base de la prosperidad y el bienestar de una nación. Como maestro, redactó varios libros de texto, entre los que destaca: Cuaderno de geometría práctica para las escuelas y Estadística de Jalisco. Como funcionario, ocupó importantes puestos de gobierno desde los que impulsó sus ideas. Fue regidor, por ejemplo, del Ayuntamiento (1835) encargado del ramo de escuelas, luego vocal de Instrucción en el Estado y de Fomento a la Agricultura, etcétera. Logró crear 22 escuelas primarias en Guadalajara y alrededores (en el año de 1821 sólo existían en Guadalajara tres escuelas municipales, además de otras que dirigía el clero). Reformó el sistema educativo estatal a través de la redacción del Reglamento de Escuelas Municipales, y creó el primer instituto de clases nocturnas para adultos. Vivió con austeridad: trabajó durante veinte años en el gobierno pero solamente fue remunerado en siete.

Cecilia López Álvaro González de Mendoza Marco Antonio Martínez Negrete

Triviario tapatío segunda edición

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Costo: $350.00 pesos.