Trivias de inicio

Iglesia de la Luz del Mundo Palacio de las Vacas Deportes

Eusebio Joaquín Flores, fundador de la Iglesia de la Luz del Mundo, se bautizó dos veces: en 1925, con el nombre de Abraham, y en 1926, con el de Aarón. Separado de la secta pentecostal a la que pertenecía, quiso instaurar en Monterrey la Luz del Mundo pero nadie le hizo caso y llegó a Guadalajara. Con un buen número de seguidores, y después de cierto nomadismo, logró instaurar el primer templo oficial en la colonia San Juan de Dios; desde entonces tuvo varios templos en distintas colonias de Guadalajara hasta que en 1953 fundó en catorce hectáreas la primera colonia llamada “Hermosa Provincia gozo de toda la tierra”, en donde Aarón murió en 1964. Su hijo Samuel lo sucedió y construyó un templo más grande que la Basílica de Guadalupe desde donde gobierna a todos los seguidores que consideran al hermano Aarón “héroe, libertador, elegido, siervo de Dios”, y al hermano Samuel “elegido antes de nacer, ungido de Dios, enviado de Dios, apóstol de Jesucristo, máximo guía espiritual”. Ambos (antes Aarón y hoy Samuel) son los únicos autorizados a dar la palabra de Dios a más de dos millones de seguidores por todo el mundo.

El Palacio de las Vacas, por la calle de San Felipe, se llama así porque quien lo hizo construir –un tal Segundo Díaz–, había hecho su fortuna gracias a sus hatos ganaderos. Don Segundo Díaz había adquirido el terreno y construyó su casa como quiso –al fin muy suyo el no poco dinero que invirtió en su hechura. Mezcló estilos arquitectónicos hasta el cansancio, pero en opinión de Francisco Ayón Zester, elementos tan diversos y cargados “armonizaron de puro milagro”. La obra se terminó en 1910. Segundo Díaz pagó al joven coahuilense recién llegado a Guadalajara, Xavier Guerrero, para que pintara los interiores del palacete. Guerrero cayó en el Centro Bohemio comandado por Guadalupe Zuno y más tarde, en la ciudad de México, se convirtió en uno de los más importantes exponentes de la plástica nacional. En uno de los corredores del llamado Palacio de Las Vacas, Guerrero pintó una escena campestre; en una de las habitaciones, un angelito de la guarda; y en el techo de la escalera, una imagen erótica que el crítico Ignacio Martínez tituló Los Amantes y por la que Francisco Ayón Zester lo llamó “bribón”.

En marzo de 1910, Giovanni Raicevich, campeón polaco de lucha grecorromana, visitó la ciudad junto con otros deportistas de diversas nacionalidades. Con estas visitas, la mirada tapatía empezó a centrar su atención en la lucha y el box. Otros deportes aristocráticos como el polo y la caza hicieron su aparición también en ese tiempo. El ciclismo incluso tuvo mayor auge, al grado de que se llegaron a tomar las banquetas y la plaza principal como pistas. Guadalajara fue también uno de los centros del automovilismo de mayor importancia: en 1907 se lograron varias hazañas como cubrir la distancia entre Guadalajara y Chapala en el increíble tiempo de cincuenta y seis minutos. Además, los hermanos Fernández Somellera, alcanzaron su meta y fueron al puerto de Mazatlán, conduciendo un coche Cleveland, en sólo diecisiete días. También la afición por el béisbol comenzó a crecer.

Nuria Blanchart Angélica Íñiguez Cecilia López
Al pan, pan La imprenta La virgen del Rayo

El primer molino de cereal para la fabricación de pan se ubicó a un costado de San Juan de Dios (cuando era río y no avenida) en el siglo XVIII. Su dueño era el español Juan de Saldívar y tuvo tanto éxito que de los poblados cercanos venían a comprar el pan al “molino” –llamando así a la ciudad de Guadalajara. Cuando hubo más panaderías, el gobierno, para controlar la calidad de los productos, ordenó que cada panadero marcara sus panes con sello propio y así evitar lo que hoy llamaríamos “el pan pirata”. De esta manera dieron inicio de las primeras marcas registradas…

A pesar de que las primeras gestiones datan del año de 1536, no fue sino hasta principios de 1793 que se estableció la primera imprenta en Guadalajara, y ocupó un local frente al costado poniente del Jardín Núñez, actualmente de San José de Gracia. La imprenta inició sus publicaciones para una Guadalajara con 24,249 habitantes, ¿cuántos de ellos lectores?

“Relámpago, furia infernal” dice la canción. Una descarga instantánea de millones de voltios que causa no pocas víctimas en tiempodeaguas. Pero hay casos excepcionales, supuesta y debidamente documentados: hay quienes han sobrevivido a esa descarga que entra por el cráneo y sale por los pies. ¿Milagro o misterio científico? Lo más extraño de esos casos es el efecto remediante del fenómeno: quesque los huesos recobran su fortaleza y la venas de las víctimas se reconstituyen y se limpian de grasa, el colesterol desaparece y hasta la mente reasume un equilibrio inusitado. Más aún: las víctimas adoptan actitudes religiosas insólitas, atribuyendo a las divinidades su fortuna superviviente. Eso en el plano humano, pero en Guadalajara –y la fecha cambia entre el 13 o el 18 de agosto de 1807– sucedió que, mientras las monjas del convento de dominicas de Jesús María rezaban, cayó un rayo que dio en una muy deteriorada imagen de la virgen del Rosario; las religiosas atribuyeron el fenómeno a que la imagen las salvó del infortunio. Por supuesto que la figura quedó chamuscada. Lo sorprendente de todo esto fue que, luego de que las monjas la siguieron conservando y acudían a sus rezos para sanar a alguien, la virgen quedó restaurada: su rostro, demeritado por el tiempo y por la fatídica descarga, asumió de nuevo un renovado fulgor y pareciera que por divinas razones e intervención, se reparó. Allí, en el altar mayor del templo de Jesús María está la llamada Virgen del Rayo.

Nuria Blanchart Hugo Torres Salazar Álvaro González de Mendoza
La revista Varia De Betini a Roberto De cómo el Dr. R. Michel llegó a tener su calle

1980: La XEJB, radiodifusora cultural del gobierno de Jalisco, congregó ese año en su equipo de producción a personajes que más tarde hicieron carreras destacadas en la cultura local. Los periodistas Juan José Doñán y Xavier Garabito, el diseñador editorial Avelino Sordo Vilchis, el también periodista emigrado a Mexicali Cosme Collignon, el promotor cultural que hizo carrera en Culiacán Gerardo Ascencio, el músico y periodista cultural Alfredo Sánchez y un peculiar personaje de la radio que también partió, él con destino a Chiapas, Enrique García Cuéllar. Entre todos gestaron varios proyectos, entre ellos la edición de una revista cultural impresa que llevó el arreoleano nombre de Varia y que, entre paréntesis, también adoptó Avelino para una galería de arte que abrió, junto con su esposa Gabriela, tiempo después. El primer número de Varia incluía, entre otras cosas, ilustraciones del pintor Benito Zamora –quien se quejaba de que siempre lo invitaban a los primeros números de publicaciones para luego nunca más acordarse de él. La presentación del primer ejemplar acusó la novatez del equipo realizador: llegó la fecha, se anunció con bombo y platillo, pero la revista no estuvo lista el día señalado. En cambio, llegó García Cuéllar con las placas de la imprenta para demostrar a los medios que sí había revista, sólo que estaría impresa hasta unos días después.

En la Guadalajara de los ochenta surgió un movimiento de moneros que llegó a trascender las fronteras locales. Nombres como Jis, Trino y Falcón se hicieron famosos por su humor gráfico irreverente. En ese grupo estaba también otro monero que fue derivando hacia intereses artísticos de mayores pretensiones y que firmaba como Betini. Quería ser pintor y estaba seguro de que para aprender más del oficio debía viajar a Europa. Así pues, hizo una exposición en la galería de Alejandro Gallo, vendió todas las obras y con el dinero se fue a Italia donde vivió, trabajó y aprendió durante varios años. Al regresar, no a Guadalajara sino a la Ciudad de México, abandonó su apodo original y adoptó su verdadero nombre: Roberto Rébora, con el cual ha ganado justa fama como pintor y grabador. En el Distrito Federal también creó una interesante editorial de libros artesanales de poesía llamada Ditoria que más adelante trajo a Guadalajara, ciudad a la que regresó en el primer lustro del nuevo siglo.

El tapatío promedio es un ser común y corriente, por lo tanto tiene la intención más o menos encubierta de pasar a la inmortalidad o de que su nombre se recuerde siempre. Normal. Una de las fórmulas aparentemente más efectivas de entrar en la memoria colectiva es lograr que se su nombre y apellido sea nombre de calle; inmortalidad garantizada aunque luego se olviden los méritos del sujeto. La ciudad compacta, antes de convertirse en millonaria en habitantes, parecía no tener problemas para la nomenclatura callejera echando mano de héroes y próceres locales o nacionales. ¿Próceres locales? Los médicos Michel y Aranda del Toro tenían su consultorio por Juárez, entre Galeana y Ocampo. Su especialidad: curar las llamadas enfermedades “vergonzosas” con un sistema consistente en lavados del tracto urinario a base de una fórmula que en la actualidad sería causa de demandas. Era el año de 1930 y la penicilina milagrosa aún no llegaba al valle. Entre la clientela de los médicos estuvo el presidente municipal en turno. Agradecido por curarlo de lo que seguramente era una gonorrea, y con aquel sistema a base de yoduro de plata, tomó una decisión que seguro no fue consultada con el cabildo previa exposición de motivos: ponerle a una recién abierta calle adyacente al recién inaugurado estadio municipal el nombre de uno de los médicos, el Dr. R(oberto) Michel. ¿Prócer? ¡Gonorrea!

Alfredo Sánchez Alfredo Sánchez Álvaro González de Mendoza

Triviario tapatío segunda edición

De venta en librerias Gonvill. Entregas a domicilio enviando email a: envios@tediumvitae.com

Costo: $350.00 pesos.