Trivias de inicio

Universidad Autónoma de Guadalajara Bienvenido sonido: la llegada del fonógrafo Tren ligero

En 1933, el rector de la Universidad de Guadalajara, Enrique Díaz de León, postuló la educación socialista en las universidades con esta frase dicha en el Congreso de Universitarios Mexicanos: “la universidad debe ser de izquierda para estar de acuerdo con la época en que vivimos y debe instituir el sistema socialista”. Indignados, parte del estudiantado y de la sociedad civil de Guadalajara reaccionaron con inusitado vigor a las disposiciones y leyes que establecían la enseñanza socialista desde la primaria a la universidad. El 23 de octubre, los estudiantes –conducidos por Carlos Cuesta Gallardo y los hermanos Angel y Antonio Leaño Álvarez del Castillo– declararon la huelga general y tomaron el edificio de la universidad como un intento por impedir la aplicación del artículo 3º de la Constitución. Al no lograrlo, conformaron la Federación de Estudiantes de Jalisco el 3 de marzo de 1935. Después de esta crisis política, el gobierno tomó la decisión de crear una universidad autónoma, la Universidad Autónoma de Guadalajara, lo que se hizo sin ningún apoyo estatal, a base de donaciones y con renuncia total de honorarios del profesorado. Su primera sede fue en la calle Silverio Nuñez 28, y desde entonces quedó incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México.

Del más allá llegó la noticia: se había inventado un aparato que era capaz de reproducir sonidos; que de esa máquina llamada ‘Fonógrafo’ brotaban música, sonidos o hasta voces capturados previamente. La noticia despertó el apetito por poseerla y alguien envió a la capital a un empleado que gestionara la presentación de la fabulosa máquina en la ciudad. Y del México capitalino llegó a Guadalajara un tal Mr. Peterson quien en el mismo hotel donde se hospedó ofreció una demostración a selecto grupo. Se dedujo que aquello era digno de ser apreciado por el gran público, para lo cual se propuso hacer una exhibición en la misma Plaza de Armas. Imposible: el aparato era audible solo en espacios cerrados. Así el 2 de enero de 1879 con el teatro Degollado a tope –los boletos costaron de $0.50 a $1.50–, el público pudo ver pero no oír el prodigioso invento. Cuando lo llevaban al escenario se les cayó y no funcionó. Días después, reparada y con entrada gratis, en el Colegio de San Juan Bautista los habitantes de la ciudad pudieron verificar que sí era cierto: el sonido había sido atrapado por el mago de Menlo Park.

Las promesas para tener tren ligero fueron muy largas y parecía que nunca llegaría a la ciudad; hasta que por fin el uno de septiembre de 1989 se inauguró la primera fase de un sistema de transporte subterráneo de alta capacidad para 200 pasajeros que puede acoplar cuatro o cinco vagones adicionales. Es considerado ideal, debido a que representa el justo medio entre el metro y el auto individual. Costó alrededor de 5,000 millones de pesos. El trazo de la primera ruta fue el mismo que seguían los trolebuses por la avenida Federalismo-Colón.

Nuria Blanchart Álvaro González de Mendoza Cecilia López
La Puente Grande Tukitronics Los niños son Todos los Santos

Antes que el progreso y la incuria lo arruinen –pronto seguro será–, todavía es posible leer su nombre en la entrada suroeste en la placa inaugural: “la puente de san Antonio de Terán” y el año: 1717. Se trata una obra única en el continente por su grandeza y por lo que significó construir esos 26 pilares sustentantes de 27 arcos, desafiando la fuerza del entonces llamado Río Grande del Señor Santo Santiago –ahora convertido en cloaca. Obra de ingeniería monumental que tomó casi veinte años concluir. ¿La Puente? Inscrito así, en femenino terso y delicado. El presidente de la Audiencia, don Tomás Terán y de los Ríos, fue quien echó a andar el proyecto junto con el bachiller don Juan Viruete, párroco de Zapotlán de los Tecuexes –hoy Zapotlanejo–, quien apoyó con todos los medios a su alcance para construirlo. Con sus 200 varas de largo y 9 de ancho, resultó una construcción tan magnífica que parecía imposible que fuera obra humana y por ello la leyenda de que fue construida por el diablo. A casi 300 años de su construcción y como parte del Camino Real a México, es transitado por vehículos que centuplican en tonelaje al peso de las carretas para las que fue concebido el llamado Puente Grande, que da su nombre a tan tenebrosa región. Obra genial que el progreso arruinó.

Uno de los grupos de rock más queridos en la Guadalajara de los setenta fue Los Spiders. Su cantante y principal compositor, Tony Vierling, era de ascendencia norteamericana y, a diferencia de otros músicos locales, hablaba y pronunciaba bien el inglés, lengua exclusiva por entonces para componer canciones de rock. En el grupo también destacaba el guitarrista Reynaldo Díaz Vélez, a quien todos conocían con el apodo de Tuki. Era una delicia escucharlo tocar con elegancia su Gibson Les Paul, pero era mayor la sorpresa al saber que los amplificadores con los que el grupo tocaba habían sido diseñados y construidos por el propio Tuki. Durante mucho tiempo no hubo en la ciudad alguien más famoso que él para meter mano a amplificadores descompuestos y guitarras desajustadas. Y aunque su talento en la electrónica garantizaba el trabajo, eso sí, había que tener una buena dosis de paciencia porque las cosas con Reynaldo eran más bien calmadas.

En 1940, la fiesta de Todos los Santos era en realidad una fiesta para los niños. Había que ir a la feria que se ponía a espaldas de la Universidad de Guadalajara a lo largo de la calle Galeana –de Morelos a Madero–, donde a dos cuadras de distancia olía a pegadura de cola de carpintero y de rigor había que comprar un casco, un caballito y una grotesca máscara –por supuesto todo de cartón. Pero no faltaban los juguetes de hojalata, soldaditos de a centavo, alcancías, flautas, que traían los alfareros de Tonalá. El dos de noviembre los papás llevaban invariablemente a los niños a la calle de Pedro Moreno a comprarles fruta cubierta, charamuscas, calaveras de dulce, piloncillos de azúcar con jamaica y chía, hasta que llegó la nueva sensación: una máquina de hacer quequis (cakes), es decir, los pancakes de Estados Unidos. Cuando el urbanismo obligó que saliera la feria de las calles de Galeana, mandaron los puestos al jardín de San José de Gracia y luego al parque Morelos donde todavía sobreviven pero sin olor a cartón y a cola.

Álvaro González de Mendoza Alfredo Sánchez Nuria Blanchart
El Frente de Estudiantes Socialistas de Occidente Sociedad médica y gaceta científica Al pan, pan

En 1933, Guadalajara era una ciudad de menos de 200 mil habitantes. La universidad oficial tapatía rebasaba escasamente los mil alumnos. Las brasas del incendio cristero todavía ardían. Los bandos en que estaba dividida la sociedad tapatía no tenían puntos de coincidencia. De un lado estaban los liberales, del otro los conservadores. La historia se repetía. Parecía que los mexicanos estaban condenados a vivir y a morir de acuerdo con la bíblica expresión: “quien no está conmigo, está contra mí”. El Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, efectuado ese año, sentó las bases de la enseñanza superior. Después siguieron expulsiones, huelgas y agitación universitaria. Se dio la división que desembocó en una reforma radical de corte socialista en la Universidad de Guadalajara y en el nacimiento de la Universidad Autónoma –con elementos expulsados de la institución estatal. Natalio Vázquez Pallares, protegido del general Lázaro Cárdenas, encontró ambiente propicio para su activismo político. En 1934 organizó, elaboró documentos y programó la fundación de una agrupación de estudiantes universitarios que abarcase el Occidente de México, a partir de Guadalajara. Así nació el 16 de diciembre de 1934 el Frente de Estudiantes Socialistas de Occidente (FESO), padre de la FEG y abuelo de la actual FEU.

Pablo Gutiérrez, médico de vasta cultura y sentido humanitario, fundó en el año de 1838 la primera sociedad de carácter científico en la entidad: la Sociedad Médica de Emulación de Guadalajara, que se dio a conocer a través de una gaceta científica trimestral que duró muchos años, llamada: Anales de la Sociedad Médica de Emulación de Guadalajara. Fue la primera gaceta científica del estado por su importancia y trascendencia, pero no fue la primera en aparecer. El primer periódico científico de la ciudad había surgido en 1833 y se conoció como Boletín de Ciencias Médicas –aunque tuvo una vida efímera pues nadie sabe la fecha exacta de su desaparición.

El primer molino de cereal para la fabricación de pan se ubicó a un costado de San Juan de Dios (cuando era río y no avenida) en el siglo XVIII. Su dueño era el español Juan de Saldívar y tuvo tanto éxito que de los poblados cercanos venían a comprar el pan al “molino” –llamando así a la ciudad de Guadalajara. Cuando hubo más panaderías, el gobierno, para controlar la calidad de los productos, ordenó que cada panadero marcara sus panes con sello propio y así evitar lo que hoy llamaríamos “el pan pirata”. De esta manera dieron inicio de las primeras marcas registradas…

Adolfo Ochoa Mario Z. Puglisi Nuria Blanchart

Triviario tapatío segunda edición

De venta en librerias Gonvill. Entregas a domicilio enviando email a: envios@tediumvitae.com

Costo: $350.00 pesos.