Trivias de inicio

El obispo Mendiola y el impulso a la educación La epidemia de 1833 Derrotero del Hospital del Carmen

El señor don Pedro Gómez de Mendiola, quien sustituyó a fray Pedro de Ayala en el obispado de Guadalajara en 1571, fundó con el nombre de San Pedro y San Pablo un colegio para la educación de los niños pobres, y otro para niñas humildes también, llamado Colegio de Santa Catalina de Sena. El primero tuvo su sede donde ahora está el edificio Lutecia (en la esquina de las avenidas Juárez y Colón) y posteriormente en él se impartieron las primeras clases de educación superior. El segundo existió donde estaba el Hospital Real de San Miguel, siendo su primera directora Doña Catalina de Carvajal. Este Colegio de Santa Catalina, que con el tiempo devino en institución a cargo de las monjas del Convento de Santa María de Gracia, se ubica en la actual Escuela de Artes Plásticas.

En el verano de 1833 muchos tapatíos murieron víctimas de la primera epidemia de cólera. El número de muertos fue de 3,275 según López Cotilla (el 7.8% de la población). Mientras se enterraban hasta 150 cuerpos diarios, Guadalajara se paralizó: las iglesias y mercados permanecieron cerrados durante los días que morían más enfermos y ni el cabildo de la ciudad sesionó. Las tenerías, almidonerías y jabonerías suspendieron su elaboración mientras duró el cólera, ya que se debían tomar todas las medidas de aseo para evitar la expansión de la epidemia. La sociedad se abstuvo de celebrar festividades y otro tipo de reuniones. Todos los habitantes eran vigilados estrictamente por representantes del ayuntamiento en cuanto a aseo y limpieza de sus casas y calles. Llegaron medidas de prevención como el “abstencionismo” que provocó el descenso de los nacimientos.

En 1946 los servicios médicos de Guadalajara se ofrecían en tres clínicas, cuatro sanatorios, una maternidad y dos fábricas. La maternidad llamada Del Carmen se ubicaba en Belisario Domínguez 238, cuyo primer propietario era un señor Garza, de Monterrey; al morir éste, la compraron José Díaz Navarrete y Javier Fernández Garibay, integrando alrededor de ella la Sociedad de Médicos de Guadalajara. Contaba con doce camas y ocho cunas, aunque también se atendían hombres; daba servicio a gente de escasos recursos –es decir, cobrando poco o no cobrando. En 1949, por falta de espacio, la maternidad se trasladó a una casa estilo español en Francisco Madero esquina 8 de Julio, entonces ya con quirófano, rayos X, cuartos privados y sala general; en la parte alta estaba la capilla y la residencia de las religiosas de la orden de las Carmelitas –enfermeras de los pacientes. En 1954, por crecimiento, se traslada la maternidad a Tarascos 3435, transformándose en sanatorio donde las hermanas del Verbo Encarnado, enfermeras seglares con título, sustituyen a las Carmelitas. En 1966 se inaugura como Hospital del Carmen (el nombre oficial lo recibe en 1968).

Hugo Torres Salazar Cecilia López Nuria Blanchart
La nota de sociales en verso Televisión independiente Revista radiofónica pionera

“El jueves de la semana pasada la coreográfica fiesta tuvo lugar en la casa de mi muy querido amigo el señor Filemón Arias. Selecta la concurrencia vestía con elegancia. La señora de Verea de negro y blanco ostentaba. La de Medicis gris perla, la de Chávez, enlutada; vestía de rosa y negro la señora Orozco de Arias; la señora Camarena de negro y lo mismo estaban la de Madrid, de González Romero y Sánchez Aldana. Las niñas Bosque, de lila y crema, eran unas hadas. Y las Madrid, Pepa y Carmen de blanco y lila, encantaban. Pepa Romero a las rosas con su traje avergonzaba, Concha el suyo verde nilo vestía con suma gracia, y Lola me parecía un ángel de veste blanca; Chole Madrigal, lo mismo un ángel de níveas alas; Lupe Martínez, de rosa un ensueño semejaba y Rosa Flores de blanco y azul, bayadera mágica; muy linda estaba, de crema Justina Sánchez Aldana; Concha vestida de rosa absorbía las miradas”. En la década de los noventa del siglo XIX se podía contratar al poeta tapatío Jesús Acal Ilisaliturri para versificar las notas de sociales, y publicarlas en los diarios de circulación local como La Mariposa, que él mismo dirigía.

Las primeras imágenes televisivas se recibieron en Jalisco en 1956. Cuando las condiciones atmosféricas eran adecuadas, los escasos hogares que contaban con receptor y altísimas antenas captaban el canal 2 de la Ciudad de México. Ese año se estableció la empresa Televisión Tapatía para fortalecer la regionalización televisiva. Entonces Telesistema Mexicano de Emilio Azcárraga decidió fortalecer su presencia en la entidad, construyendo en 1960 Televicentro de Guadalajara que trasmitiría a 13,390 televisiones existentes en Jalisco. Alejandro Díaz Guerra y Salvador López Chávez, junto con un grupo de empresarios tapatíos, no se amedrentaron ante la feroz competencia y consiguieron la exclusiva de servicios americanos; pero Azcárraga bloqueó a todo artista que trabajara para el canal 6. Los presupuestos publicitarios se destinaron a la empresa que les garantizara una difusión nacional “de frontera a frontera y de costa a costa”, lo que sólo podía ofrecer Telesistema Mexicano, provocando el hundimiento de la televisora independiente tapatía. Así, la fascinación del programa inaugural de ésta, La realidad de un sueño, se convirtió en una fatal pesadilla.

La radio del Estado, XEJB, se ha especializado en la transmisión de música clásica, pero a principios de los ochenta, cuando asumió la dirección Enrique García Cuéllar en sustitución del comentarista Luis R. Alfaro, surgió por iniciativa de trabajadores de la emisora la idea de hacer un programa con conductores en vivo –cosa impensable hasta ese momento– que hablaran de las actividades culturales de la ciudad y presentaran pequeñas piezas musicales –clásicas, eso sí– de no más de cinco minutos de duración. El programa se transmitiría de ocho a diez de la mañana y por su tempranero horario se pensó en un nombre apropiado: Preludio. En su momento generó comentarios a favor, de quienes intuían una renovación en la radio estatal; y en contra, de quienes veían invadida su cotidianidad musical. El programa evolucionó no sin contratiempos: la primera vez que a un conductor se le ocurrió poner una canción de Mercedes Sosa, el director llamó furibundo sintiendo que la emisión se pervertía. Otra ocasión en que el grupo Los Folcloristas acudió a una entrevista hubo telefonemas de radioescuchas indignados que decían: “eso no es cultura”. Pero el programa continuó enriquecido con colaboradores diversos: Xavier Gómez Corona, Massimo Constanzo, Cornelio García, Francisco Arvizu, Manuel Torres y otros que ayudaron a dar a Preludio su carácter de programa pionero.

Mario Z. Puglisi Nuria Blanchart Alfredo Sánchez
Jalisco nunca pierde Tarifas del telégrafo Abolidas, las corridas de toros

El general Francisco Villa decidió perseguir a los generales carrancistas Diéguez y Murguía, quienes se habían replegado hacia Manzanillo. El general villista Rodolfo Fierro les pisaba los talones por las poblaciones del sur: Zacoalco, Atoyac y Sayula. En la mañana del jueves 18 de febrero de 1915 entraron en acción gran parte de las fuerzas de ambos bandos, en un lugar llamado Cuesta de Sayula. Los carrancistas habían construido fortificaciones y combatían como fieras, gritando: “¡Jalisco nunca pierde, y cuando pierde, arrebata!”. Villa subió a una loma, y desde allí daba órdenes a sus Dorados. Viendo que Diéguez se reforzaba con caballería, mandó sobre éste 600 combatientes. A media tarde, Villa los hizo huir en desbandada, dispersándose despavoridos ante la persecución brutal que les infligió Villa. Quienes no pudieron escapar en los trenes, fueron alcanzados y aniquilados por la División del Norte.

El telégrafo llegó a Jalisco el 10 de abril de 1868. La extensión total de las líneas era de 1,872 kilómetros y el cobro de los mensajes se hacía conforme a la siguiente tarifa: de Guadalajara a Aguascalientes, diez palabras, 75 centavos, y por cada palabra excedente, seis centavos. De Guadalajara a Colima, diez palabras, un peso 37 centavos, y por cada palabra excedente, 11 centavos. De Guadalajara a Guanajuato, diez palabras, un peso, y por cada palabra excedente, 8 centavos. De Guadalajara a México, diez palabras, dos pesos, y por cada palabra excedente, 16 centavos. De Guadalajara a San Blas, diez palabras, un peso, y por cada palabra excedente, 8 centavos. Los lugares a los que comunicaba el telégrafo eran además de los señalados otros dentro del estado y también a diferentes partes del país.

Corría el año 1897, se acababa de construir una importante plaza de toros en las Barranquitas de Alcalde y se suponía que sería inaugurada por el afamado torero español El Boticario. Se mandó hacer mucha propaganda y el día de su estreno estuvieron los tendidos llenos de bote a bote. La cuadrilla salió a desfilar pero el torero español no estaba entre ellos. Cuando el público se dio cuenta que los toreros estelares habían sido cambiados por aficionados, se armó la bronca y echaron la plaza abajo. Cuando las tropas de seguridad llegaron a imponer el orden no encontraron rastro de la plaza: el pueblo se había llevado la madera, tablas y vigas con que estaba hecha, y a los toros los traían de paseo por el barrio de la Capilla. Este suceso provocó que las autoridades abolieran las corridas de toros en el estado. Como consta en actas, el presidente de la legislatura interrogó a los representantes populares: “El C. Presidente: ¿Las corridas de toros deben abolirse? El diputado por La Barca: —Que se abuelan. El diputado por Lagos: —Que se abulan. El diputado por Sayula: —Que se abuendan. El diputado por Ameca: —Que se abundan.” No quedó nadie de acuerdo con la conjugación del verbo, pero las corridas fueron abolidas.

Adolfo Ochoa Hugo Torres Salazar Mario Z. Puglisi

Triviario tapatío segunda edición

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