Trivias de inicio

Gonzalo Curiel Barba, compositor Tlaquepaque Los cócoras

Gonzalo Curiel nació en Guadalajara en 1904. Fue compositor con formación clásica, como también lo fueron Gabriel Ruiz, María Grever y Consuelito Velázquez. Estudió medicina y se dedicó algún tiempo a perforar rollos para pianolas. Vivió algunos años en California en donde fue alumno de piano de Zez Confrey (compositor del ragtime El gato en el tejado). Se regodeó también con el violín, la guitarra y la mandolina. Tocando música para el cine mudo lo encontró el ubicuo tenor jalisciense José Mojica, que antes había descubierto a María Grever. Éste grabó de la autoría de Gonzalo Curiel He querido olvidar, Mañanita fría y Dime, que después popularizó el doctor Alfonso Ortiz Tirado. Compuso tres conciertos para piano y orquesta que se interpretaron en los teatros de Bellas Artes y Degollado. Una de sus intérpretes definió así su estilo: trabaja a través de la reiteración de temas y con ritmos pegajosos. Compuso también la canción Vereda tropical. Falleció en la ciudad de México en 1958. Su nombre está grabado en el Muro (de cristal) de los 100 Jaliscienses Ilustres.

La villa de Tlaquepaque se liga a la vida de la ciudad como centro de veraneo para los ricos de Guadalajara. Las familias de apellidos reconocidos como: Oyasabal, Henonín, Arana y muchas otras, establecían sus majestuosas y monumentales casas para descansar del bullicio de Guadalajara. En toda una manzana estaba la casa del arzobispo José Garibi Rivera. Las mansiones eran de estilo colonial con puertas de madera enormes. Todas tenían su huerta, su patio central con numerosos corredores que dirigían a las recámaras. La plaza principal lucía sembrada de árboles de fresno, con un kiosco de arcos y cúpula de talavera. A un costado, la parroquia de San Pedro con su fachada barroca construida en el siglo XVII. Por ser considerado uno de los centros de producción alfarera más importante del país (en cerámica y vidrio), la atracción turística aumentaba para adquirir magníficas piezas. El Parián era el punto de reunión de las fiestas donde al son del mariachi servían distintos antojitos.

El público tapatío que acudía a ver representaciones teatrales en los diversos coliseos carecía de una actitud pasiva o de mera contemplación. Por el contrario, acostumbraba dialogar con los actores que salían al escenario y manifestaban en voz alta la opinión que les merecía la obra o algún momento dramático en especial. Los espectadores eran parte del espectáculo puesto que lanzaban frases o dichos oportunos a medida que se desarrollaba la obra. Esto a su vez provocaba reacciones entre el mismo público, quienes aprobaban o desacreditaban alguna intervención, por lo que las obras eran interactivas y llenas de matices imprevistos. A aquellos espectadores que intervenían se les conocía como cócoras, quienes acudían muchas veces en grupo para emitir risas burlonas o lloriqueos, para provocar la risa en los palcos y galerías. José Juan Tablada dejó testimonio de esto en un escrito que data de 1895, cuando menciona: “Teatro inverosímil donde dialogaban los actores con el público haciendo alarde de la peregrina gracia tapatía”.

Antonio García Medina Cecilia López Cecilia López
Carranza de visita Corrección historiográfica de la batalla de Calderón El doctor Pablo Gutiérrez

El gobernador y comandante militar de Jalisco, Manuel M. Diéguez invitó al jefe del ejército constitucionalista, Venustiano Carranza a visitar el estado, un año antes de que fuera declarado presidente de la república. En esa ocasión Carranza hizo un amplio recorrido entre el 13 de febrero y el 10 de marzo de 1916. En Guadalajara, estuvo en el balcón de Palacio, donde los tapatíos colmaron hasta las azoteas de los edificios cercanos. Recibió el apoyo entusiasta y espontáneo de un pueblo que apoyaba las obras de transformación social que la revolución pondría en marcha. Visitó alfarerías en Tlaquepaque, como la de los hermanos Farías. Allí el hábil escultor Pantaleón Panduro, en pocos minutos le realizó un magnífico y fiel busto, en el que la cara apenas medía diez centímetros. Realizó un viaje en tranvía, visitando así Los Colomos y las obras hidráulicas como el acueducto de la Barranca Ancha (hoy avenida Acueducto).

El plano de la batalla de Calderón, efectuada el 17 de enero de 1811 en las cercanías de Guadalajara, presenta un error de orientación recientemente descubierto. Consiste en que el Norte anotado señala hacia el Poniente. En la obra México a través de los siglos, podemos encontrarlo en el tomo tercero. El autor del error debió ser un militar realista a las órdenes de los generales Emparán, Flon, Ortega o Calleja. Es lógico suponerlo, por aquello de que la historia la escriben los vencedores –y en la batalla de Calderón, quien perdió fue precisamente el ejército insurgente a las órdenes de Ignacio Allende. El error fue corregido por la historiadora Alma María Bárcenas, quien al consultar diversos textos, encontró profundas discordancias, tanto en la descripción del puente como en la topografía y el nombre del río. Al sobreponer una pantalla a escala con los datos esenciales del plano de la batalla, con una fotografía aérea y una carta topográfica, encontró que la configuración y dirección del Camino Real de Guadalajara, le daba la pauta para girar el plano 90 grados. Una vez realizando el giro, la información topográfica coincidió.

Pablo Gutiérrez nació en Guadalajara en 1805. Se tituló como médico en 1828. Se trasladó después a París, en donde estudió por tres años cirugía. Habiendo decretado el Presidente Gómez Farías en 1833 el establecimiento de la escuela de Ciencias Médicas, se reestructuró la educación y se dio un importante impulso a la ciencia –ya que aún prevalecía en ese renglón el régimen colonial, que ponía toda clase de trabas a la educación científica. En ese mismo año de 1833 fue posible hacerlo en México, aunque ocasionó un verdadero escándalo, ya que se consideraba una profanación. Pablo Gutiérrez creó las cátedras de anatomía, medicina operatoria y obstetricia, que fueron preparatorias para la fundación de la Escuela de Medicina. En 1841 obtuvo las plazas de dirección de enseñanza y cirugía en el Hospital de Belén. Por su clara inteligencia, palabra fácil, conocimientos y vocación de servicio, se convirtió en un valorado científico. Murió en 1881 y fue declarado Benemérito del Estado ese mismo año.

Adolfo Ochoa Adolfo Ochoa Adolfo Ochoa
Fábrica de velas de estearina El Teatro Principal desaparece Nevada en Guadalajara

En el gobierno de Porfirio Díaz se facilitó no sólo la entrada de capitales extranjeros al país, sino también la entrada de maquinaria para las nuevas industrias –siempre y cuando llenaran los requisitos que el ejecutivo estatal exigiera. El gobierno de Jalisco, mediante la Ley de Hacienda de 1896, concedió exenciones de impuestos –entre otras facilidades– a fin de que dichas industrias impulsaran el florecimiento del estado en materia económica, comercial e industrial. Los señores Parcels y Fox, de nacionalidad estadounidense, decidieron establecerse en Guadalajara en junio de 1898, con la primera fábrica de velas de estearina, substancia consistente en una fórmula de éster esteárico de la glicerina. Como el país sufría entonces una gran escasez y altos precios de los combustibles, el permiso de la fábrica se concedió gracias a que introdujo maquinaria, consistente en una caldera de vapor con capacidad de diez caballos de potencia.

Diversas y no pocas son las versiones sobre la desaparición del Teatro Principal de Guadalajara, cuyos propietarios eran Carlos Gutiérrez Robinson y Antonia Rosete de Gutiérrez. Se ubicaba sobre la avenida Juárez, en el Centro. Su frente era de dos pisos y de estilo sencillo. Por el alegre tablado del Principal pasaron, en breve temporada, artistas de fama nacional e internacional. Regularmente las funciones corridas de los domingos, lunes y jueves por la tarde, eran dedicadas a las familias. A las ocho de la noche se iniciaban las “tandas”, consistentes en la representación de una zarzuela en un acto. La “divertida comedia de magia artificial”, La pata de cabra, producida por el empresario Félix Medel, fue la despedida. En 1935 el teatro ya tenía deudas y amenazas de desalojo. Esa tarde, en La pata de cabra, hubo trucos de magia donde se desapareció de todo –incluso se anunció que desaparecería ¡el mismo teatro! La obra anunciaba que “todo lo vence el amor”, aunque al Principal parecen haberlo vencido las deudas y la carrera por la modernidad. En 1940 sería demolido.

Las palabras se las lleva el viento y las personas mueren por lo regular sin ser recordadas. Aquel extraño y memorable fenómeno hubiera quedado en el olvido de los tapatíos de no ser por el periódico Juan Panadero del jueves 10 de febrero de 1881 que dejó constancia impresa del acontecimiento. La mañana del martes 8 de ese mes y año nevó en Guadalajara. El encabezado de Juan Panadero rezaba “¡Caramba, qué frío!”. La nota periodística refería: “Anteayer hemos tenido en esta ciudad una verdadera nevada que todavía me hace dar diente con diente y temblar como un azogado. Se me asegura que el termómetro puesto a la intemperie en una casa céntrica de la población descendió cuatro grados bajo cero, y en las orillas hasta seis grados... Las montañas que circundan este valle de Atemajac presentaban un aspecto enteramente nuevo y raro ante nosotros, sus cumbres estaban cubiertas por fajos de plata. Las alturas de los cerros de Cuyutlán y Tequila tenían también sus gorros blancos que hacían más gallarda su elevación.” Tendrían que transcurrir 116 años para que las condiciones atmosféricas de humedad y temperatura permitieran que se verificara otra vez este fenómeno, el sábado 13 de diciembre de 1997.

Adolfo Ochoa Angélica Íñiguez Adolfo Ochoa

Triviario tapatío segunda edición

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