Trivias de inicio

Una catedral para Guadalajara La campanita del correo Adoquín de madera

Con el crecimiento de la población de Guadalajara y el traslado de los gobiernos civiles y religiosos a esta ciudad, era necesario establecer una catedral, y por cédula del 18 de mayo de 1561, se dispuso que la silla episcopal se mantuviera en Guadalajara y que se edificara una catedral. El proyecto para la obra lo hizo el maestro Martín Casillas por encargo del señor obispo Ayala. Este prelado puso la primera piedra el 31 de julio de 1561. Entonces, Guadalajara contaría ya con obispo, audiencia y catedral.

Un objeto insigne de Guadalajara es la campanita del correo en la torre izquierda de Catedral. Está después de subir los 98 escalones de la torre, y se encuentra entreverada con las otras campanas y esquilas; cada una con su nombre e historia. Destacan la de Asunción que es la mayor, y la Inmaculada con su herida hecha por un cañonazo desde el Hospicio durante uno de los sitios a la ciudad. Pero la más famosa es la campanita del correo que nació en el taller del fundidor Rivera en 1759; pesa 230 kilos y está dedicada a San Fernando Rey. Se dice que tiene un sonido agradable que se puede escuchar hasta a cuatro kilómetros de distancia. Los escritores Manuel Gutiérrez Nájera y José Juan Tablada cantaron en su nombre; los viajeros Gibbon y Geiger la mencionan y la dieron a conocer en otras partes del mundo, y el historiador Dávila Garibi elaboró su biografía. La campanita anunció en 1810 la llegada de Miguel Hidalgo, en 1821 la Independencia, en 1848 repicó en actitud de mofa y desafío la salida de los americanos de nuestro territorio; en 1862 el triunfo sobre los franceses en Puebla, y en 1888 la llegada del primer tren a Guadalajara.

La ciudadanía puso el grito en el cielo cuando corrió la voz de que el ayuntamiento de Guadalajara contemplaba adoquinar con madera las calles. Aconteció en el año de 1891, con el antecedente de que en la capital del país se adoquinaron así –imitando la idea de ciertas ciudades europeas– algunas calles céntricas con malísimos resultados. La Gaceta Mercantil calificó el proyecto de descabellado y error administrativo ridículo, además de oneroso, por costar ocho pesos el metro cuadrado. La gaceta también agregaba que era incomprensible cómo los munícipes olvidaran los más triviales principios de física, que un estudiante ramplón hubiera tenido en cuenta: la madera, con la humedad, aumenta de volumen. Este elemental principio hizo quedar en ridículo a los promotores del adoquinado, porque en donde no destruyó banquetas, se hinchó. Total, que el experimento terminó en el más estrepitoso de los fracasos, con la consiguiente indignación popular, por tamaño despilfarro.

Hugo Torres Salazar Mario Z. Puglisi Adolfo Ochoa
El colegio más antiguo en funciones Breve columna imperial Primera revista: La Estrella Polar

En la calle Morelos 644 se erige un edificio que data del siglo XVIII y que guarda en sus paredes la historia de personajes que han transformado a la ciudad. Fue un claustro para monjas en 1760, un cuartel militar en 1861, el orfanato del Sagrado Corazón para varones en 1887, hasta ser el Colegio Luis Silva, la institución educativa de mayor antigüedad en la ciudad. El Colegio Luis Silva nunca albergó precisamente a los niños ricos, sino que su origen fue modesto. Por el colegio desfilaron alumnos como el escritor Juan Rulfo, el futbolista Jaime Tubo Gómez y el compositor Alfredo Carrasco. Actualmente tiene 560 alumnos que siguen tejiendo la historia.

Cuando los tapatíos se enteraron de la coronación de Agustín de Iturbide como emperador de México en 1822, rápidamente se organizaron y dispusieron levantar una columna hecha de cantera, si bien de modesto tamaño, en la Plaza de Armas, acompañada de una placa que llevaba impresa la significativa frase: “Viva Agustín I, viva la Independencia de México”. Extraña celebración de la independencia de un país, por cierto, proclamando a un emperador. Pero cerca de doce años después, en 1834, la misma sociedad que había erigido aquella columna imperial la destruyó, furiosa, ahora a tono con el reciente fusilamiento del ya ex emperador Iturbide. La vida da vueltas.

El 28 de julio de 1822 se creó una curiosa Sociedad Guadalajarense de Amigos ansiosos de la Ilustración que tuvo como principal propósito la difusión de sus inquietudes, básicamente políticas, a través de una revista cuyo nombre completo sería La Estrella Polar de los Amigos de la Ilustración –así de largo–. Fue la primera revista publicada en Guadalajara. Fungió como medio propagandístico de las ideas liberales, creadora de opinión pública y madre de muchas futuras revistas. Además de emitir mensajes, informaba sobre los sucesos más importantes que transcurrían en la ciudad y alrededor del mundo. La vida de dicha publicación (1822-1828) siempre estuvo rodeada de problemas, tanto legales (al dificultársele el permiso de las autoridades) como políticos, pues la revista hacía planteamientos polémicos acerca de las formas de gobierno más adecuadas y fomentaba la participación del pueblo en la vida política. A los veinte jóvenes que participaron en La Estrella Polar se les llamó Los Polares, quienes trascendieron más allá de la pluma; sus nombres e ideas plasmadas en los cinco números de vida que tuvo la revista, han sido citados y referidos por la mayoría de quienes estudian la época del nacimiento del federalismo en Jalisco.

Cecilia López Mario Z. Puglisi Cecilia López
Del náhuatl al castellano El poder de la Iglesia Emotiva visita del Mariscal Tito

Durante gran parte del siglo XVIII en el seminario de Guadalajara se estudiaba obligatoriamente el náhuatl. Esto era para impulsar el entendimiento entre los religiosos que venían de España y los nativos del continente. Como vestigio del extenso estudio de estas lenguas quedan las obras de cinco literatos de ese siglo, todos tapatíos, que se adentraron en el campo de la lingüística y dejaron importantes textos que aún sirven para el conocimiento de las lenguas de toda la nación. Gerónimo Tomás Cortés Zedeño publicó Vocabulario y confesionario en el idioma mexicano como se usa en el Obispado de Guadalajara, y Nicolás Mercado elaboró Arte de la lengua mexicana según el dialecto que usan los indios de la costa sur de Sinaloa. El jesuita Juan Francisco Iragorri escribió el Vocabulario y dialectos mexicanos; José de Arteaga, también jesuita, redactó su Doctrina cristiana, oraciones, confesionario, arte y vocabulario de la lengua cora. Y Pedro Álvarez Cantón, en su destierro en Italia, escribió un Diccionario castellano y latino y un Léxico castellano–francés, además de haber sido el primer traductor de un Via crucis del italiano al español.

Gracias a los grandes ingresos por el cobro del diezmo que debía ser pagado por agricultores y ganaderos así como clérigos y órdenes monásticas, la Iglesia en la Nueva Galicia se convirtió en uno de los propietarios más importantes. Fue la única institución colonial que contaba con recursos monetarios disponibles a toda hora, y en los momentos de apuro prestaba dinero –sobre todo a los dueños de mayorazgos que no podían vender sus tierras–, otorgaba hipotecas más un rédito anual del 5%. Con esto, los franciscanos, carmelitas, agustinos y jesuitas, pudieron hacerse de sus templos, haciendas, huertas y colegios donde la enseñanza se limitaba al silabario, el catecismo y aritmética elemental; las niñas, además de rezar, aprendían tareas domésticas y costura. La influencia de la Iglesia en el occidente mexicano fue tan importante que la vida entera, “desde el nacimiento hasta la muerte” –y todo el día desde “despertar hasta irse a dormir”–, transcurría bajo el signo de la religión. Como en tantos otros lugares del país, bajo este poder social se desarrolló la antigua Guadalajara.

En los primeros días de octubre de 1963, el presidente Adolfo López Mateos acompañó durante unas horas en su recorrido por Guadalajara al presidente de la República Socialista de Yugoslavia, Mariscal Josip Broz Tito (1892-1980), quien estuvo en Jalisco durante tres días. Tito había encabezado la resistencia de los patriotas de su país en contra de la ocupación fascista, y supo conducir a su pueblo levantado en armas a la victoria contra las grandes potencias del Este y el Oeste que se disputaban la hegemonía del mundo. Esta visita fue muy controvertida por la jerarquía religiosa y grupos conservadores, debido a la profunda vocación hacia el socialismo del visitante. Estuvo en Tlaquepaque, donde admiró las obras de cerámica de sus artesanos. Allí organizaron en su honor una entusiasta recepción, en la que el Mariscal, visiblemente emocionado, se confundía con la multitud, saludando y tomando fotos personalmente. La espontaneidad de esta convivencia contagió a su esposa Yovanka y a sus compañeros de viaje, al grado que su intérprete no pudo contener las lágrimas al contestar una pregunta del Mariscal. También recorrió el Mercado Libertad (San Juan de Dios), donde convivió con las clases más modestas del pueblo.

Allí aceptó una invitación para degustar un platillo típico de la cocina mexicana, tomando asiento entre un grupo de locatarios del mercado y departiendo cordialmente con ellos esos agradables momentos. Bien sabía este líder mundial que gran parte de la simpatía popular hacia los dirigentes de los pueblos nace de la disposición de éstos para convivir con los humildes.

Mario Z. Puglisi Nuria Blanchart Adolfo Ochoa

Triviario tapatío segunda edición

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Costo: $350.00 pesos.