Trivias de inicio

La virgen del Rayo 1960: un censo memorable El tapatío un millón

“Relámpago, furia infernal” dice la canción. Una descarga instantánea de millones de voltios que causa no pocas víctimas en tiempodeaguas. Pero hay casos excepcionales, supuesta y debidamente documentados: hay quienes han sobrevivido a esa descarga que entra por el cráneo y sale por los pies. ¿Milagro o misterio científico? Lo más extraño de esos casos es el efecto remediante del fenómeno: quesque los huesos recobran su fortaleza y la venas de las víctimas se reconstituyen y se limpian de grasa, el colesterol desaparece y hasta la mente reasume un equilibrio inusitado. Más aún: las víctimas adoptan actitudes religiosas insólitas, atribuyendo a las divinidades su fortuna superviviente. Eso en el plano humano, pero en Guadalajara –y la fecha cambia entre el 13 o el 18 de agosto de 1807– sucedió que, mientras las monjas del convento de dominicas de Jesús María rezaban, cayó un rayo que dio en una muy deteriorada imagen de la virgen del Rosario; las religiosas atribuyeron el fenómeno a que la imagen las salvó del infortunio. Por supuesto que la figura quedó chamuscada. Lo sorprendente de todo esto fue que, luego de que las monjas la siguieron conservando y acudían a sus rezos para sanar a alguien, la virgen quedó restaurada: su rostro, demeritado por el tiempo y por la fatídica descarga, asumió de nuevo un renovado fulgor y pareciera que por divinas razones e intervención, se reparó. Allí, en el altar mayor del templo de Jesús María está la llamada Virgen del Rayo.

Universalmente, los censos de población se efectúan a mediados del año censal. El Octavo Censo General de Población de México se efectuó el domingo 8 de junio de 1960. En el municipio de Guadalajara, la población total era de 843,836 habitantes; 417,222 hombres y 426,614 mujeres. Los sesenta fueron años de ascenso para los grupos menos favorecidos por la riqueza. Las clases medias vivieron con desahogo y tuvieron acceso a situaciones de verdadero bienestar. El municipio estaba urbanizado a la mitad y sus límites eran: el Club Guadalajara al poniente, la Zona Industrial hacia el sur y el Estadio Jalisco al norte. No existía el anillo periférico y no había colonias perdidas. Por las calles circulaban menos de 20 mil vehículos de motor; no se conocían problemas de contaminación ambiental y privaba una gran armonía entre el sector privado, la clase obrera y las autoridades locales. El Instituto Jalisciense de Promoción y Estudios Económicos, A. C., sin aplicar cálculos estadísticos, tuvo la idea de que al cumplirse justamente cuatro años del censo, debía dársele el título de “Tapatío Un Millón” al niño que naciera después de las cero horas del día 8 de junio de 1964.

Su nombre es Juan José Francisco Gutiérrez Pérez, y muy pocas personas lo conocen como El Tapatío del Millón. Cuando nació se hizo acreedor a una serie de obsequios y de ciertas prebendas. Se le ofreció a sus padres, por ejemplo, que tendría apoyo para estudiar lo que deseara; tuvo el respaldo moral de uno de sus padrinos de bautizo, el cardenal José Garibi Rivera –quien lo fue también de primera comunión; y permaneció por dos años en el Seminario. La muerte de su padre y otras circunstancias influyeron para cambiar el curso de su vida: en lugar de prepararse, Juan José tuvo que trabajar para salir adelante. Trabajó de cartero, como su padre, pero ganaba muy poco y renunció. También fue conductor en el Tren Ligero y ha sido encargado de un estacionamiento. Él refiere lo siguiente: “Trabajo jornadas de más de doce horas debido a que la situación está muy difícil. Podría estar mejor si ya hubiera hecho valer mi condición del habitante Un Millón, pero nunca lo he hecho, ya que me gusta valerme por mi mismo. No ando diciendo quién soy porque resulta contraproducente, debido a las envidias.”

Álvaro González de Mendoza Adolfo Ochoa Adolfo Ochoa
Jorge Stahl, cineasta El público en el cine José Antonio Zorrilla Monis y Gabriel Ruiz Galindo

Jorge Sthal, quien hizo varias exhibiciones de filmes en el Teatro Apolo (después conocido como cine Cuauhtémoc), y más tarde fundó junto con su hermano la compañía exhibidora y alquiladora de películas Stahl Hermanos, no se conformó con brindar este entretenimiento sino que fue el iniciador de la producción fílmica en Jalisco. Para lograrlo, desempeñó diversos roles como camarógrafo, laborista y por supuesto director. Sus filmes se llamaron: Paseo en los portales, Salida de misa de doce, Paseo a los Colomos y Los patinadores. El escenario de este último era la avenida Juárez y los protagonistas eran jóvenes tapatíos amantes de este deporte. Sus cintas de carácter documental revelaban aspectos de la vida cotidiana de los habitantes de Guadalajara. Con la influencia de los cánones europeos, también abordó situaciones cómicas como en el filme Ladrón de bicicletas, donde la trama giraba en torno a un ladrón que era perseguido por la policía en varias calles de la ciudad hasta que llegaba al Agua Azul para arrojarse en las aguas del lago, sepultando el cuerpo del delito.

Cuando se hicieron notorias las bondades lucrativas del séptimo arte se propagaron con sus propios distintivos. Una de las salas más prestigiadas era el Tabaré, del señor Estrada Aguiar, quien ponía mucho énfasis en que la exhibición de sus cintas fuera una diversión familiar. Tenía reglamentos estrictos que obligaban al espectador a comportarse a la altura de un público distinguido y de buena moral. En esta sala, si el público se comportaba de manera inmoral era desalojado del salón y se le devolvía su importe del boleto. De esta manera se aseguraba el orden y la contemplación de cintas cuidadosamente seleccionadas. En cambio, en el cine Cuauhtémoc sucedía todo lo contrario y para muchos este cine quebrantó la moral social. Se corrió el rumor de que se decían leperadas como si se estuviera en un prostíbulo. “Aquello se convertía en algo peor que una plaza de toros, se hacen rojos comentarios en voz alta, se silba, se grita y la minúscula saturnal es el encanto de los que no van tras una diversión honesta, sino a dar rienda suelta a sus desórdenes apetitosos”.

Entre los principales letristas del músico tapatío don Gabriel Ruiz Galindo (autor de la popular canción Amor, amor, amor) destaca José Antonio Zorrilla, yucateco de nacimiento, que compuso las letras de Aquella Noche, Primer Amor, Jamás, La noche es nuestra, Me gustabas, No preguntes a dónde, A solas contigo, Vida fácil, Usted, Viva el amor, Noche inolvidable, Noches de insomnio, Vas conmigo, Muy adentro. Sobre todas ellas se destaca la que compuso para estrenar en 1985 con motivo de la entrega del premio Jalisco a Gabriel Ruiz Galindo: Mi novia Guadalajara. En la que desfilan la Virgen de Zapopan, la calle San Felipe, el barrio de San Juan de Dios, el Hospicio Cabañas, y don José Clemente Orozco. La canción termina con un “Guadalajara, Guadalajara, Guadalajara, nunca podría decirte adiós, Guadalajara, Guadalajara, Guadalajara, cuando me ausento, tu vas conmigo a donde voy”.

Cecilia López Cecilia López Antonio García Medina
Benavente y Polidor Los Atl colors La Esperanza, sociedad literaria

Cualquiera con ralos conocimientos de literatura, sabrá que al dramaturgo español Jacinto Benavente le dieron el premio Nobel en 1922. Lo que no es muy sabido es la desafortunada presencia de la compañía de teatro del laureado autor en la ciudad –después de recibir el premio. A no ser por el lleno registrado la noche de la presentación de Los intereses creados, las demás funciones fueron desairadas por el culto público local; a tal punto que la compañía teatral se fue de la ciudad sigilosamente, sin despedirse. No tuvo éxito a pesar de que fue encargado de la publicidad un “experto” José Francisco López, alias Polidor, analfabeta pero con una memoria excepcional que, en las esquinas y entonces vestido elegantemente y con una bocina de lámina, recitaba párrafos enteros de las obras de Benavente. Ese fue el comienzo de la carrera del protopublicista tapatío –sinaloense de origen–, Polidor quien durante muchos y meritorios años fue parte del equipamiento urbano de aquella ciudad compacta. A pesar de la llegada de equipos de sonido, y de las burlas a que era sujeto por la muchachada, aquel ya desarrapado y viejo voceador de gangas y ofertas se ponía en la puerta de las tiendas para convocar a la clientela.

El célebre pintor tapatío Gerardo Murillo (1875-1964), nacido en el barrio de San Juan de Dios, siempre tuvo puestos sus pies en marcha. El poeta argentino Leopoldo Lugones lo rebautizó como Doctor Atl cuando lo conoció en París, luego de que Murillo recibiera una beca de Porfirio Díaz para estudiar pintura en Europa –donde fue alumno del intelectual marxista Antonio Labriola. Cuando el Doctor Atl regresó a México, en 1903, lo hizo disfrazado de italiano y, pasado un tiempo, inventó su marca personal, los Atl-colors, pinturas hechas de una pasta dura de cera, resina y petróleo que se podían aplicar sobre papel, tela o piedra. Los usó por primera vez en 1908, sobre los muros de la Escuela Nacional de Bellas Artes; y desde entonces pintó con ellos grandes paisajes con volcanes, pues su interés por la vulcanología era grande y la había estudiado en Italia en 1911. Semejante atracción por los volcanes lo llevó a presenciar la erupción del Paricutín en 1943; dicen que intentó “comprar” al recién nacido volcán –para no ser sólo pintor de volcanes sino propietario de uno. Con sus Atl-colors, considerados como una importante aportación técnica, elaboró pinturas, apuntes y dibujos hoy altamente cotizados.

La literatura ha encontrado buena cuna en la capital de Jalisco, y de ella han surgido muchos de los mejores creadores de la pluma que han existido en nuestra nación. A principios de 1849, varios jóvenes, con una inspiración espontánea como su único motor y sin ningún maestro por seguir ni una corriente de ejemplo que imitar, se reunieron y fundaron la primera sociedad literaria del estado de Jalisco bautizándola con el nombre de La Esperanza. Entre sus integrantes, figuraron algunos jóvenes que llegarían a ser el futuro político y social de la ciudad. Tales fueron los casos de José María Vigil, Jesús López Portillo, Amado Camarena e Ignacio L. Vallarta. La Esperanza reunió durante varios años las inquietudes artísticas de importantes celebridades tapatías.

Álvaro González de Mendoza Angélica Íñiguez Mario Z. Puglisi

Triviario tapatío segunda edición

De venta en librerias Gonvill. Entregas a domicilio enviando email a: envios@tediumvitae.com

Costo: $350.00 pesos.