Trivias de inicio

Abolidas, las corridas de toros Mano Negra en el Roxy Un malandro

Corría el año 1897, se acababa de construir una importante plaza de toros en las Barranquitas de Alcalde y se suponía que sería inaugurada por el afamado torero español El Boticario. Se mandó hacer mucha propaganda y el día de su estreno estuvieron los tendidos llenos de bote a bote. La cuadrilla salió a desfilar pero el torero español no estaba entre ellos. Cuando el público se dio cuenta que los toreros estelares habían sido cambiados por aficionados, se armó la bronca y echaron la plaza abajo. Cuando las tropas de seguridad llegaron a imponer el orden no encontraron rastro de la plaza: el pueblo se había llevado la madera, tablas y vigas con que estaba hecha, y a los toros los traían de paseo por el barrio de la Capilla. Este suceso provocó que las autoridades abolieran las corridas de toros en el estado. Como consta en actas, el presidente de la legislatura interrogó a los representantes populares: “El C. Presidente: ¿Las corridas de toros deben abolirse? El diputado por La Barca: —Que se abuelan. El diputado por Lagos: —Que se abulan. El diputado por Sayula: —Que se abuendan. El diputado por Ameca: —Que se abundan.” No quedó nadie de acuerdo con la conjugación del verbo, pero las corridas fueron abolidas.

Rogelio Flores Manríquez, activo promotor cultural de Guadalajara, llegó del Distrito Federal a fines de los setenta. Comenzó la nueva década en la XEJB con un programa de nombre rebuscado y singular: Jazz: Antropología y Estética. Abrió una efímera tienda de discos importados en la recién inaugurada Plaza México: Beat Gallery. Después fundó con Paco Barreda la galería de arte Magritte y organizó conciertos con la asociación Jazz Guadalajara. Pero su proyecto más recordado fue la rehabilitación del viejo y abandonado cine Roxy, lugar alternativo por excelencia. En ese viejo galerón ubicado en Mezquitán 80, frecuentemente asediado por las autoridades municipales, se presentaron muchísimos conciertos memorables. Uno de los más, fue el mano a mano entre Café Tacuba –aún no muy populares entonces– y Mano Negra –la célebre banda dirigida por el músico hispanofrancés Manu Chao. Un día antes del concierto, en el mismo Roxy hubo una conferencia de prensa con pocos medios locales y la presencia de Chao y Rubén Albarrán, vocalista de los Tacubos. Este último, que después se convirtió en gran estrella nacional, apenas fue tomado en cuenta por los representantes de los medios, deslumbrados por la implacable retórica de Chao. El concierto, eso sí, y gracias a los dos grupos, fue uno de los de mayor intensidad que recuerde Guadalajara.

Un gran fanático del arte oriental, especialmente de la India, Jorge Álvarez Ochoa, conocido por sus amigos como Coco, hacía viajes frecuentes a ese país para traer artesanías que luego vendía en Guadalajara. Pero ese no era su único interés artístico. En los ochenta abrió una galería de arte contemporáneo con su nombre en la colonia Seattle, donde le apostaba al talento de artistas de nuestra ciudad. Tiempo atrás había hecho sus pininos musicales en el rock como cantante, bajista y guitarrista de varias agrupaciones: La Fachada de Piedra, Mudra, Spiders. En la década de los noventa decidió emigrar a la ciudad de México donde trabajó como artista, realizando instalaciones y obras de arte conceptual y fue ahí también donde por fin se animó a hacer un primer disco con sus composiciones ya en pleno siglo XXI. Su palabra favorita para identificar a sus amigos siempre fue malandro, por lo que el mencionado disco de canciones, de muy escasa distribución, se llamó, justamente, Malandro Mundo.

Mario Z. Puglisi Alfredo Sánchez Alfredo Sánchez
Palacio para el Ayuntamiento Luz eléctrica en el Degollado El perro de los dominicos

El ayuntamiento anduvo rondando por varios sitios desde su fundación hasta 1952, año en que su edificación fue terminada. En el año de 1948, se emprendió la idea de darle una sede definitiva, utilizando la manzana que ocupaba el palacio episcopal –un modesto edificio virreinal cuyo rasgo distintivo era una cúpula. En la misma manzana estaban: una casa de moneda, la de los Vizcarra y la botica de Apolonio García, lugares en donde se levantó esta construcción neocolonial, proyecto del arquitecto Vicente Medel. “Diez años más tarde, encomendaron al pintor Gabriel Flores la realización de los tableros murales que decoran la pared de la escalera principal, cuyo techo es una bóveda de cañón que cubre las dos escaleras que terminan en el segundo piso”. En la planta baja habitan oficinas de atención al público y la alta está destinada a oficinas de la presidencia y los regidores; en el poniente una gran sala es sede del Cabildo, utilizada también para conferencias históricas donde posan esculturas de personajes históricos como: Pedro Moreno, Manuel López Cotilla y Clemente Aguirre, entre otros.

En junio de 1887 ocurrieron sucesos dignos de especial mención en la vida del Teatro Degollado. Se le dotó de alumbrado incandescente eléctrico, en virtud de gestiones hechas por los señores Narciso Corvera y Rafael Sánchez, a quienes el gobierno otorgó la concesión por diez años para tal empresa. De tal modo, fueron retirados definitivamente los quinqués del alumbrado de gas, que el concesionario Francisco Valencia colgaba en ganchos instalados en las columnas que enmarcan las distintas localidades. Adicionalmente, se completó la instalación pendiente de butacas plegadizas –pagadas totalmente durante el gobierno del general Tolentino, a quien se debió la mejora. Con el estreno de la nueva iluminación, también se dio a conocer el magnífico elenco de la compañía de zarzuela de don Isidoro Pastor, figurando como maestro director y concertista don Luis Arcaraz (padre del también afamado arreglista y cantante del siglo XX). El grupo de tiples anunciadas estaba compuesto por Rosa Palacios, Caritina Delgado, la inolvidable Pilar Quezada y María Terrás –que se iniciaba en el teatro. Incursionaba también el tenor José Vigil y Robles, hijo del sabio jalisciense don José María Vigil.

Cuando Santo Domingo Calzada estaba por nacer, su madre soñó a un perro llevando una tea en el hocico, que incendiaba al mundo entero, significando esto la purificación de los males sufridos, por el fuego de la fe. Por ello, el perro quedó como el emblema más representativo de la orden de los dominicos. Esto explica por qué en el Santuario de Guadalupe hay una figura con este símbolo. Fray Antonio Alcalde, dominico él mismo y bajo cuya directriz se construyó el templo, ordenó que fuera colocada allí. A su vez, en la plaza de los portales que se encuentra entre 16 de Septiembre, Pedro Loza, Morelos y Pedro Moreno, mejor conocida como la plaza de Santa María de Gracia, se podían ver en el siglo xvii, en cada esquina y en el techo, estos perros llevando la tea en el hocico, porque la plaza era arrendada por monjas de la orden dominica. Dos de los perros originales fueron llevados al Museo del Estado, los demás se fueron perdiendo.

Cecilia López Adolfo Ochoa Mario Z. Puglisi
Epicentro techno Lulú y el Teatro Obrero El Coliseo de la Comedia

Guadalajara, que ha dado manifestaciones de ser una sociedad conservadora, también ha roto esquemas. En 2005, para celebrar el 463 aniversario de su fundación, se presentó en un evento gratuito en la avenida Chapultepec, Richie Hawtin, alias Plastikman, uno de los DJ’s (o pincha-discos) más prestigiados de la escena electrónica mundial: un chico de copete relamido y amarillo capaz de hacer brincar a multitudes. Al concierto acudieron no sólo cientos de jóvenes de Guadalajara, sino de otras ciudades de la república que rentaron camiones exclusivamente para ver y oír a Plastikman. Comúnmente se rentan autobuses para ir a la Ciudad de México a conciertos que no llegan a Guadalajara, pero esa noche fue al revés: en la avenida Chapultepec y Justo Sierra se llevó a cabo uno de los conciertos electrónicos más importantes del planeta en ese año.

El Teatro Obrero se convirtió en el lugar de los tapatíos para conocer a las bellas mujeres, llamadas “exóticas”, que mostraban sin pudor ni culpa sus voluptuosos cuerpos, agregando a ello sus atributos –cuando los había– en el canto y en el baile. Fueron muchas las “bellas” que con sus actuaciones les permitieron a los hombres de Guadalajara manifestar sus pasiones retenidas por la moral religiosa. Alrededor de 1929 y 1930 se recuerda a María González, Lulú, a Julia González y a Flora Barragán. De todas, sin duda la más memorable fue la Lulú, quien conocedora de sus atributos y del lugar privilegiado que tenía entre su público, llegó a levantarse la ropa, mostrar sus piernas, quedarse en “paños menores” y, provocando el paroxismo sensual, mostrarse completamente desnuda. Estos actos fueron los que popularizaron la frase de “¡da puerta, Lulú!”, que entusiastas y lujuriosos asistentes le demandaban a la bella “exótica”.

En el año de 1788, en la actual avenida Juárez –entre Degollado y Molina–, se levantó un primer local fijo para las representaciones teatrales llamado Coliseo de la Comedia. Era más bien un jacalón con muros de adobe, primitivamente techado con teja, con pavimento deficiente, palcos y tablados baratos. Nada que ver con la idea moderna de los teatros, y más relacionado en su hechura con los corrales donde Lope de Vega –en la España del siglo anterior– había escenificado sus obras. Aunque su funcionamiento no repercutió en la desaparición de escenarios provisionales que se montaban en las calles de Guadalajara, sí provocó que el teatro dejara de ser un festejo público pagado por el estado, para convertirse en un espectáculo frecuente a cargo de particulares. Formalmente, la primera obra montada que se registra fue El príncipe jardinero llamado Cloridano, del ilustre autor cubano Santiago Pita. Posteriormente al estreno del Coliseo, se abrió también el Teatro Apolo o Teatro de las Pastorelas, llamado así porque era éste el género que más se representaba allí.

Angélica Íñiguez Hugo Torres Salazar Cecilia López

Triviario tapatío segunda edición

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Costo: $350.00 pesos.