Trivias de inicio

El Lucifer Infancia es destino... también para las ciudades Abolidas, las corridas de toros

En la calle de Maestranza, exactamente en los altos del famosísimo Panchos, pionero de los bares gay de Guadalajara, se encontraba en la década de los setenta un antro llamado Lucifer. Era la época de escasez de lugares donde los jóvenes pudieran escuchar rock en vivo y este lugar les ofrecía cada domingo la posibilidad. Grupos de Guadalajara, del Distrito Federal y de otros lugares, tocaban en esta versión tapatía de los llamados hoyos fonquis capitalinos: un galerón sin salidas de emergencia, donde hacía un calor impresionante y donde la gente se apretujaba para escuchar altos decibeles. Nada amedrentaba a los jóvenes que todas las semanas escuchaban atentos los promocionales que emitía la radio a través de la estación Canal 58 y que comenzaban siempre con el grito de un locutor que decía: “Lucifer…Proyecta!!!”.

Las rivalidades entre Nuño Beltrán de Guzmán y Hernán Cortés marcaron para siempre la animosidad existente entre Guadalajara y la Ciudad de México. Por ejemplo en 1546, cuando se descubrieron y empezaron a explotar los ricos yacimientos metalíferos por Juan de Tolosa en Zacatecas, los primeros caminos dirigieron los metales preciosos a Guadalajara, beneficiándola como importante centro económico. Pero la Ciudad de México realizó una de sus primeras operaciones de geopolítica, ordenando una ruta directa para conducir el mineral hacia ella, como una estrategia de control sobre un recurso que de forma natural correspondía a la jurisdicción de Guadalajara.

Corría el año 1897, se acababa de construir una importante plaza de toros en las Barranquitas de Alcalde y se suponía que sería inaugurada por el afamado torero español El Boticario. Se mandó hacer mucha propaganda y el día de su estreno estuvieron los tendidos llenos de bote a bote. La cuadrilla salió a desfilar pero el torero español no estaba entre ellos. Cuando el público se dio cuenta que los toreros estelares habían sido cambiados por aficionados, se armó la bronca y echaron la plaza abajo. Cuando las tropas de seguridad llegaron a imponer el orden no encontraron rastro de la plaza: el pueblo se había llevado la madera, tablas y vigas con que estaba hecha, y a los toros los traían de paseo por el barrio de la Capilla. Este suceso provocó que las autoridades abolieran las corridas de toros en el estado. Como consta en actas, el presidente de la legislatura interrogó a los representantes populares: “El C. Presidente: ¿Las corridas de toros deben abolirse? El diputado por La Barca: —Que se abuelan. El diputado por Lagos: —Que se abulan. El diputado por Sayula: —Que se abuendan. El diputado por Ameca: —Que se abundan.” No quedó nadie de acuerdo con la conjugación del verbo, pero las corridas fueron abolidas.

Alfredo Sánchez Adolfo Ochoa Mario Z. Puglisi
El Paseo de San Francisco Los Monstruos Los trabajos del agua

La calle San Francisco (hoy avenida 16 de Septiembre) terminaba en el atrio del templo de San Francisco. Se conocía con el nombre de Paseo, debido a lo distinguido de las familias que la habitaban. El presbítero Trinidad Laris, nacido en 1882, nos refiere lo que pudo ver durante su juventud, con las siguientes palabras: “[Por ese Paseo] concurrían al caer la tarde todos los ‘pisaverde’ y ‘mariposas’ de otro tiempo. Las ‘mariposas’ eran las ‘niñas cuarentonas’, es decir, esas pericas que visten como chicas y sólo tienen joven su viejo corazón; se les daba el nombre de las ‘bellas avecitas de las flores’ porque vestían vaporosas telas cargadas de chillantes listones. Entre las vespertinas concurrentes había dos parejas de apellido Morfín y Cornejo respectivamente, que siempre andaban del brazo de cuatro en fondo; [luego se acercaba] un vejete con rivetes de festivo poeta, [quien] al verlas venir se apartaba del corro que formaban los gallos viejos y recitaba en alta voz: ‘Ábreme por San Gonzalo tu elegante camarín, o quítame por Dios lo viejo, que ai vienen las Cornejo del brazo de las Morfín’. Quintilla que era saludada con una sonora y robusta carcajada del auditorio, casi siempre integrada por acicalados currutacos”.

Un grupo de chicos, estudiantes todos, allá por 1960, se habían bautizado como Los Thunders y se dedicaba a tocar covers –imitaciones– instrumentales de grupos como Los Shadows y Los Ventures. Eran tapatíos, excepto uno: Luis Licea, Luisillo, quien venía de Tijuana. Los cuatro comenzaron a tocar en los casinos El Colmenar y El Castillo en San Miguel de Mezquitán y también en el bar Pacos II. Como a veces sucedía, un representante de discos TIP (Talento Interpretativo de Provincia) los escuchó y los invitó a grabar un disco. Luisillo, a su vez, invitó a un amigo suyo, un tal Polo, excelente vocalista que dejó Tijuana para grabar ese disco. Polo era extravagante, vestía como los Beatles y por ello usaba el pelo largo, imagen que adoptó el resto del grupo. Como las señoras que iban a misa se asustaban al verlos, Leopoldo Murillo, Polo, decidió cambiar de nombre a la agrupación, que desde entonces (1964) se llamaría Los Monstruos. El historiador del rock local, Miguel Torres Zermeño, dice que “era muy común ver a señoras camino a la iglesia que se encontraban con él y se persignaban, como si hubieran visto al mismito diablo”.

En el año de 1600, el gobernador Santiago de Vera ordenó al ingeniero Martín Casillas las obras para hacer llegar el agua de los veneros de los Colomos, en Zapopan, a la fuente de la Plaza de Armas. Después de hacer sus cálculos, Martín Casillas opinó que el agua entraría a la Plaza Mayor a “una vara y cinco dedos más abajo de su piso”. La obra se inició equivocadamente bordeando el entonces pueblo de Mezquitán hasta la parte posterior del Convento de Santo Domingo. Después de este fracaso hidráulico, la población de Guadalajara carecería del vital líquido hasta 1740, año en que las obras dirigidas por fray Pedro Buzeta surtieron a las fuentes principales de la ciudad.

Adolfo Ochoa Angélica Íñiguez Mario Z. Puglisi
Elías Nandino Monumento sin bandera Tranvías a Tlaquepaque

La poesía de Elías Nandino ha trascendido las barreras del tiempo y de su propia muerte para posicionarse en un lugar central en la literatura mexicana. Este poeta –nacido en Cocula, Jalisco, el 19 de abril de 1903– fue partícipe de las empresas literarias más eminentes del siglo; sin embargo, tuvo una tardía integración a la poesía nacional. En su poesía procuró una especie de diario, testigo de los debates entre la vida y la muerte que vivió en carne propia como médico. La muerte, el sueño y la noche fueron temas que abundaron en sus poesías. En los años cincuenta su poesía empieza a tener una voz propia y madura. Su última etapa da un giro radical para adentrarse en el mundo de temas eróticos y metafísicos mezclados con un tono confesional. Dos grandes premios marcaron su trayectoria como poeta: en 1979 recibe el Premio Nacional de Literatura, y un poco más tarde el Premio de Poesía Aguascalientes. Este gran poeta que dejó valiosas obras como: Espiral, Color de Ausencia, Eco, Sonetos, Poemas Árboles y muchas otras, murió en Guadalajara el 3 de octubre de 1993.

Garita de San Pedro, puerta de entrada y salida hacia el Oriente; portón urbano principalísimo y llamado así: de San Pedro. Lo de “Tlaquepaque” sustituyendo al sampetrino nombre, fue cosa de la modernidad del siglo XX y por el toque indigenista tan republicano y tan atractivo para fines turísticos. La garita estuvo donde estuvo “viendo pasar el tiempo” y a la historia, hasta que una honorable dama de la sociedad tapatía –su nombre, Chila (sic)–, tuvo a mal más que a bien chocar con su automóvil y acabar sus días allí. Corrían como el auto de Chila, los años cuarenta, y el goberenturno decidió condenar a muerte el estorbo urbano causante de la tragedia. Brillante idea secundada por un no menos brillante arquitecto –profesión incipiente en aquel entonces en estas tierras– y se procedió a demoler el monumento histórico. Nada mejor que poner en el sitio al emblema nacional: el águila. Tan bien realizada quedó esa águila de cantera que el populacho irreverente la bautizó de inmediato como “el zopilote mojado”, en una muestra de insensibilidad artística colectiva. Y junto a la supuesta y modernista águila, un asta para izar allí la enseña patria. ¿El nombre del conjunto escultórico urbano? ¡Monumento a la Bandera! El asta, está, pero la bandera nunca. Y la garita fue aniquilada por los abanderados del progreso.

El 24 de febrero de 1875 el gobernador Ignacio Luis Vallarta clavó el primer riel de la línea férrea de tranvías de tracción animal a San Pedro Tlaquepaque, primera vía de este género que hubo aquí. Este significativo acto tuvo lugar en el punto de partida, que fue la esquina noreste de la Penitenciaría de Escobedo, por la calle de Loreto (hoy Pedro Moreno). Cuatro días después, se dio por terminado el período constitucional del ilustre gobernante, reconociéndosele una brillante administración mientras encabezó el gobierno estatal.

Cecilia López Álvaro González de Mendoza Hugo Torres Salazar

Triviario tapatío segunda edición

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