Trivias de inicio

El tapatío un millón Los Monstruos La plaza Juárez

Su nombre es Juan José Francisco Gutiérrez Pérez, y muy pocas personas lo conocen como El Tapatío del Millón. Cuando nació se hizo acreedor a una serie de obsequios y de ciertas prebendas. Se le ofreció a sus padres, por ejemplo, que tendría apoyo para estudiar lo que deseara; tuvo el respaldo moral de uno de sus padrinos de bautizo, el cardenal José Garibi Rivera –quien lo fue también de primera comunión; y permaneció por dos años en el Seminario. La muerte de su padre y otras circunstancias influyeron para cambiar el curso de su vida: en lugar de prepararse, Juan José tuvo que trabajar para salir adelante. Trabajó de cartero, como su padre, pero ganaba muy poco y renunció. También fue conductor en el Tren Ligero y ha sido encargado de un estacionamiento. Él refiere lo siguiente: “Trabajo jornadas de más de doce horas debido a que la situación está muy difícil. Podría estar mejor si ya hubiera hecho valer mi condición del habitante Un Millón, pero nunca lo he hecho, ya que me gusta valerme por mi mismo. No ando diciendo quién soy porque resulta contraproducente, debido a las envidias.”

Un grupo de chicos, estudiantes todos, allá por 1960, se habían bautizado como Los Thunders y se dedicaba a tocar covers –imitaciones– instrumentales de grupos como Los Shadows y Los Ventures. Eran tapatíos, excepto uno: Luis Licea, Luisillo, quien venía de Tijuana. Los cuatro comenzaron a tocar en los casinos El Colmenar y El Castillo en San Miguel de Mezquitán y también en el bar Pacos II. Como a veces sucedía, un representante de discos TIP (Talento Interpretativo de Provincia) los escuchó y los invitó a grabar un disco. Luisillo, a su vez, invitó a un amigo suyo, un tal Polo, excelente vocalista que dejó Tijuana para grabar ese disco. Polo era extravagante, vestía como los Beatles y por ello usaba el pelo largo, imagen que adoptó el resto del grupo. Como las señoras que iban a misa se asustaban al verlos, Leopoldo Murillo, Polo, decidió cambiar de nombre a la agrupación, que desde entonces (1964) se llamaría Los Monstruos. El historiador del rock local, Miguel Torres Zermeño, dice que “era muy común ver a señoras camino a la iglesia que se encontraban con él y se persignaban, como si hubieran visto al mismito diablo”.

La estatua que en Guadalajara honra la memoria de Juárez, estuvo situada en el jardín de Escobedo (Parque de la Revolución). Cuando la penitenciaría se cambió al oriente de la ciudad, la estatua se colocó al inicio de la avenida Juárez. Pero durante el gobierno de Juan Gil Preciado (1959-64), se decidió que debía ser trasladada a un sitio con mayor decoro, ya que aquel lugar era inadecuado por el intenso tránsito de camiones de carga, además de que carecía de una glorieta digna. Por tal motivo, se encomendó al arquitecto Julio de la Peña la planeación y construcción de la Plaza Juárez, instalándose el bronce sobre un magnífico pedestal de mármol travertino rodeado de fuentes y jardines. Jaime Torres Bodet sugirió que al extremo de la plataforma debía existir un remate que la enmarcara, para lo que se contrató al escultor José Chávez Morado, quien proyectó y fundió en bronce un espléndido telón escultórico, planeado, estudiado e inspirado en las Leyes de Reforma y la caída del Segundo Imperio. En una visita que poco después hizo el ex-presidente Lázaro Cárdenas, opinó que el conjunto constituye una de las plazas más dignas que existen en el país para perpetuar la memoria del gran reformador.

Adolfo Ochoa Angélica Íñiguez Adolfo Ochoa
Tragedia en la plaza de toros Llegada de Hidalgo libertador Ramón Corona, gobernador

Un accidente en la plaza de toros El Progreso puso de luto a Guadalajara el domingo 31 de enero de 1965. Diecinueve tapatíos fallecieron por asfixia debido a un tumulto que se formó cuando el público que asistió a la primera función pretendía salir del coso y, a su vez, miles de espectadores querían entrar a la plaza para gozar el espectáculo de la cantante Linda Vera, reina de la cumbia, en la segunda presentación. El encuentro de los que querían entrar y los que pretendían salir dio pie para que muchos perdieran el aire y cayeran heridos o muertos. Todos los cuerpos fueron velados en Catedral para acompañar en su dolor a las familias tapatías afectadas. Por su parte, el gobierno del estado suspendió en los siguientes días todo tipo de evento oficial.

El cura Hidalgo, Generalísimo de América y jefe del movimiento insurgente de México, salió de Valladolid (ahora Morelia) el sábado 17 de noviembre de 1810, y después de varios días de marcha se internó en tierras de Nueva Galicia. Encontrándose sus tropas en la población de La Barca, dio la orden de proseguir hacia la ciudad de Guadalajara el jueves 22 de noviembre. Desde este sitio, el recorrido fue el siguiente: continuó por Jamay y El Fuerte, ambas poblaciones ubicadas al borde del lago de Chapala. Llegó a Ocotlán, ciudad floreciente de la ribera, y aquí se le unió Navarro, un valiente caudillo de la región. El viernes 23, siguiendo el camino que bordea el río Santiago, llegó a Poncitlán para proseguir hacia Atequiza, donde fue recibido por comisiones de cuerpos civiles, militares y eclesiásticos de Guadalajara. Los miembros del ayuntamiento, además de saludarlo y presentarle sus respetos, lo invitaron a entrar pacíficamente a la ciudad. Hidalgo aceptó. El último descanso del grupo insurgente en su ruta fue en Zapotlanejo, y llegó a la villa de San Pedro Tlaquepaque con la luz del medio día del lunes 26 de noviembre de 1810.

Oyéndolo bien, el nombre tiene bella consonancia: Puruagua, una ranchería cercana a Tuxcueca y en las proximidades del lago de Chapala. Allí nació el general Ramón Corona, quien primero fue comerciante antes de ingresar en la milicia en el bando de los liberales, con quienes combatió durante la Guerra de los Tres años. Luego hizo campaña contra los franceses participando incluso en el sitio de Querétaro contra Maximiliano, y posteriormente logró derrotar a “los salvajes de Álica” encabezados por El Tigre, en las goteras de Guadalajara, en La Mojonera, donde ahora está el Colegio del Aire. Designado por Don Porfirio como ministro plenipotenciario de México ante España y Portugal, luego de 12 años regresó al país para hacerse cargo del gobierno de Jalisco en 1887. Su gobierno logró, entre otras cosas, la construcción del ferrocarril que unió Guadalajara con la capital. Vestigio de su mandato es también el llamado Mercado Corona, dañado primero por un incendio y arruinado por el progreso urbano posteriormente. En 1889, cuando se dirigía un domingo por la tarde a presenciar una función teatral, fue atacado y acuchillado por un maestro. Su muerte, nunca aclarada, fue incluso atribuida a Don Porfirio. ¿Celos a una creciente estrella política? Nunca se supo. Póstumamente fue nombrado Benemérito de Jalisco.

Cecilia López Hugo Torres Salazar Álvaro González de Mendoza
Lázaro Pérez, pionero de la meteorología José Castañeda, precursor del cine sonoro Breve vida de El País de Magusín

Lázaro Pérez (1817-1900) es un personaje relevante en la historia científica de Jalisco y aun de México. Nació y murió en Zapotlán el Grande, Jalisco. Se tituló de farmacéutico en Guadalajara en 1845. Durante 40 años enseñó química, farmacia, toxicología, botánica y legislación farmacéutica. Fue el primero en fundar un observatorio astronómico en Jalisco e hizo los primeros registros de observaciones meteorológicas en la ciudad. Realizó mediciones de temperatura, presión atmosférica, lluvia y viento. Estableció un modesto observatorio en su casa, situada en la calle Santa Teresa (hoy Morelos). Estas observaciones las realizó de 1878 a 1885 y a él correspondió registrar las temperaturas más bajas en la historia, cuyos valores fueron de -4.5 y - 3.2 °C, en los años de 1880 y 1881 respectivamente. Esta investigación fue publicada en su tiempo en el boletín de la Sociedad de Ingenieros, una de las primeras en su tipo que existió en México.

El cine nunca fue totalmente mudo pues siempre se hizo acompañar de sonidos incidentales o de un piano en vivo. Ejemplo de ello fue el cine exhibido en el Salón Azul, que abrió el empresario tapatío José A. Castañeda el año de 1908, ubicado en la calle de Pedro Moreno. A Castañeda puede considerársele como uno de los precursores del cine sonoro ya que en las exhibiciones de sus cintas simulaba los ruidos de los pocos carros que transitaban en las películas con un saco lleno de botellas quebradas. También hacía que se escucharan las patadas de los caballos con unas cáscaras de coco y lograba que su sonido, creado por él mismo, sincronizara con las imágenes que el público veía. Por si fuera poco, don José también se esmeró en darles una voz a los actores y hablaba por ellos. Don José logró, definitivamente, que sus cintas tuvieran un toque mucho más completo donde las imágenes, aunque no de muy buena calidad, tenían un sentido más realista y muy simpático puesto que era humanamente imposible darle un sonido a todo lo que aparecía en la pantalla.

Al romperse el simbólico listón de la inauguración de El País de Magusín, en junio de 1965, un nuevo centro de diversión para las familias tapatías nacía con la promesa de ser el lugar de entretenimiento más concurrido en Guadalajara. Contaba con teatro, cine, hipódromo, autopista y ferrocarril. Los múltiples invitados pagaban la cuota requerida de un peso para abarrotar sus rincones y participar en sus distintas actividades recreativas. Este centro de diversión estaba ubicado en la avenida López Mateos, a la altura de las Águilas (puertas que marcaban el límite de la ciudad), por lo que representaba toda una excursión llegar hasta el lugar. Al ingresar al centro recreativo, los asistentes podían disfrutar de varios servicios gratuitos como: patinetas, patines, columpios, resbaladeros, bimbaletes y espiro bol. Por si fuera poco, la promoción anunciaba el 2X1 para el trenecito que rodeaba el lugar. Al poco tiempo, lo que pretendía ser un cuento de hadas se convirtió en un triste remedo de Disneylandia, con payasos, magos y ventrílocuos poco agraciados que, desgastados y con la fatiga en la cara, daban sus funciones. En el transcurso de unos cuantos años se borraron por completo las huellas de El País de Magusín, hasta que quedó cerrado oficialmente a principios de los años setenta.

Adolfo Ochoa Cecilia López Cecilia López

Triviario tapatío segunda edición

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